lunes, 16 de marzo de 2015

"Tito" al tablero




 Dormía la mar cuando la tempestad rompió su calma ...

 Bajo las aguas oleosas de pequeña bahía se desplazan, confiados y regordetes, voraces tiburones que no tragan carroña sino gruesas tajadas de tesoro público  intencionalmente arrojadas por la borda de perezosa navecilla reflotada.

 Todo en cubierta es taimado y melindroso, a tal extremo que el cambio de mando y los  relevos de marinería a nadie trasnochan, a bordo claro está, porque en el agitado perfil continental la espera es bien distinta.

 Curtidos navegantes de otros mares y otras naves, ansiosos de timón y de horizontes, apuntan su catalejo al desvencijado botecito que amenaza naufragio a cambio de amurar.

 ...  así soñaba el soñador su sueño en la rocosa orilla del futuro cuando el trueno hirió el silencio.

 A quienes tienen la manía de esperar las alboradas pueblerinas para quitarse las cobijas y saltar festivos a la ventana, provistos de serpentinas y confetis que arrojan delirantes sobre las calvas testas de eternos agitadores del cotarro, los vino a sorprender la algarabía de quienes se cansaron de esperar en las higueras que pase el redentor.

 Cambian los tiempos y también las maneras en estos humillados confines de la geografía nacional, que a ratos sólo se mencionan ante la rabiosa detonación del artefacto asesino, o bajo la entrada furtiva del emisario central que viene a calmar las aguas y desaparece risueño entre la bruma de los ofrecimientos.

 Quienes quieren poder, y saben que lo deben luchar, prendieron el mechero y le arrimaron fuego al castillo antes de la media noche.

 Con las luces del día, antes de que sea más tarde, pusieron en evidencia los suculentos potajes aliñados en el salón de los espejos, bastante a las espaldas de la opinión pública y un tanto por debajo del mínimo decoro que la política demanda.

 Un mensaje del periodismo escrito, destinado al Presidente Santos,  habla del caos que reina en estas tierras, en las que se echan de menos "ejercicios democráticos y participativos",  en los que debiera imperar la transparencia, pues  "lo contrario será sembrar nuevas causas de descontento porque se percibirá manipulación para el marginamiento desde los poderes regionales del Estado". (Se puede revisar la columna http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/senor-presidente/  de Nelson Paz Anaya).

 Y una respuesta, también del periodismo escrito, firmada por el joven dirigente departamental Santiago Zambrano Simmonds, (Consúltese la columna http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/la-rumorologia-del-gobernador/ ), deja muy claro que los comportamientos, los intereses y los compromisos del gobernador Temístocles Ortega generan críticas que el mandatario no tolera.

 Impuesta como candidata a la alcaldía de Popayán una hermana del Senador Velasco Chávez, queda entero y servido el tema de la exclusión, y expectante queda el departamento mientras el señor gobernador sale a los medios, ojalá con prontitud y claridad, a explicar como es que se intercambian favorecimientos, se expiden avales y se impulsan candidaturas a gobernación del Cauca y alcaldía de Popayán, con inocultables intenciones de seguir gobernando en cuerpo ajeno, y de consolidar en esta sacrificada esquina nacional rancias dinastías y unos andamiajes familiares que, aparte de ejercer olímpico nepotismo, obstruyen el paso a nuevas corrientes del pensamiento.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 16.03.15

domingo, 8 de marzo de 2015

Las guerras que nos quedan




 Es tristeza lo que se siente al constatar que el país se desgracia.  En esta hora tétrica parece confirmarse el gráfico dicho popular que pronostica la inexistencia de barranco para atajar al pobre que recula.

 En el caso del Cauca la situación es doblemente lacerante porque la descastada dirigencia actual desdibuja la página escrita por dignos antecesores que en decisivos episodios de la vida nacional, dentro de civilizadas controversias político-sociales que hoy ya no se estilan, pusieron por encima de sus intereses particulares las necesidades y conveniencias de la región, mientras a los conocidos negociantes de ahora solo les interesa manipular las finanzas públicas, para hacer y deshacer con los dineros del erario, y repartir entre amigotes la contratación oficial.

 Además porque a este departamento martirizado y desangrado por las violencias de la naturaleza, de la política, del narcoterrorismo y de la insaciable territorialidad indigenista, se le agotan los horizontes de esperanza, frente al descaro de unas Cortes de Justicia que no se refrenan para rematar en pública subasta torcidas soluciones judiciales inevitablemente dañinas para los intereses colectivos.

 Las noticias dicen que a los magistrados de ahora no los motiva la justicia, en su romántica acepción de dar a cada quien lo que le corresponde, sino el fajo de billetes circulante en agasajos, homenajes y convites que en sus casas organizan ellos mismos con el inocultable propósito de negociar en confianza lo que no se debiera negociar.

 ¿Qué se puede esperar que suceda con las víctimas y con diversas comunidades desprotegidas, -que esperan equidad y solidaridad estatales en múltiples asentamientos poblacionales distantes de la aristocracia capitalina-, cuando los encargados de preservar sus derechos constitucionales, lejos de interesarse por reparar permanentes omisiones y ausencias del establecimiento, simplemente se ocupan de atiborrar sus estómagos y sus cuentas personales, sin pensar siquiera que los colombianos del barro mueren de pobreza?

 ¿Cómo se les hará entender a los desvalidos, a los necesitados, a los miserables, que en el ficticio postconflicto no habrá nada para ellos, porque el dinero que ya se dilapida en teóricas soluciones, como la contratada con el visionario profesor Mockus,  sólo alcanza para profundizar las diferencias de clase y engordar los bolsillos de los lambones del régimen?

 ¿De qué manera se puede convencer a los muchachos de las barriadas para que no atraquen al vecino, no despojen al caminante, no asalten al turista, y no violenten a sus propias familias, si los encargados de investigarlos, juzgarlos y sancionarlos, recurren a sofisticados procederes para atracar, despojar, asaltar y violentar a la sociedad colombiana en su conjunto?

 ¿Cuál será el mecanismo para obtener que los narcoterroristas temporalmente  licenciados en Cuba, admitan su condición de victimarios mas no de víctimas, cuando los encumbrados magistrados de las altas Cortes, al igual que los reacios bandidos, también  victimizan al pueblo que dicen defender?

 ¿Tiene el gobernante alguna pegajosa trapisonda para enmelar al incauto rebaño de marchistas y hacerle creer que las violencias y las guerras que nos quedan no serán el obligado fruto de las mismas injusticias insolutas?

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 09.03.15

sábado, 28 de febrero de 2015

El cacho de la paz




 El personaje que nos gobierna ha repetido en variados tonos que la paz está de un cacho.

 También ha sostenido que la paz se logra porque esos tipos, con los que conversa, dizque no pueden hacer nada distinto a someterse.

 Con tales apreciaciones, y con otras igualmente traídas de los pelos, ha conseguido eternizar el plazo que inicialmente fijó en pocos meses para acordar una paz estable y duradera. Esa es su dadivosa contribución para que los negociadores narcoterroristas se tomen el parrandero recreo que la sociedad colombiana censura y que los supuestos enemigos de la paz miramos con absoluta desconfianza.

 A estas alturas del lánguido coloquio ya no se puede pensar en nada distinto a una grotesca mamada de gallo por parte de unos delincuentes que le pampean las posaderas al gobernante.

 Los acontecimientos de la semana pasada, violencia indígena contra la fuerza pública en Corinto, en los que el Estado democrático de derecho queda al desnudo, sin democracia y sin derecho, evidencian que el grupo terrorista, afincado en Cuba y en Venezuela, no conjuga el verbo acordar en el mismo tiempo en que lo conjuga Santos.

 Se hace realidad lo siempre dicho: a los violentos nada los apura, en cambio sí aprovechan hasta el último minuto para amedrentar a las poblaciones vulnerables, las de la Costa del Pacífico y las de las cordilleras aledañas en Cauca y Nariño, y a los empresarios agrícolas del Valle geográfico del Cauca, pero también para narcotraficar, y para rearmarse y consolidarse en territorios ahora excluidos de operativos militares oficiales.

 Es que el problema va para largo, si no es así, que nos expliquen entonces por qué razón los bandidos insisten en no pagar un sólo día de cárcel, exigencia absolutamente descartable frente al Estatuto de Roma; y por qué persisten en convocar una Asamblea Constituyente, cuando no se está negociando, supuestamente, ningún cambio en la estructura política, económica y social del Estado; y por qué continúan reclutando milicianos niños y adultos; extorsionando y secuestrado, e infiltrando organizaciones indígenas para sembrar el caos en la carretera panamericana y reclamar tierras debidamente explotadas por la industria azucarera.

 Los caucanos tenemos claro que la tal reivindicación de territorios ancestrales es una de las tantas formas de lucha que el marxismo tradicionalmente alimenta y reinventa. Si el verdadero interés de los narcoterroristas fuera suscribir un acuerdo de paz no animarían dichas reclamaciones que en las condiciones del Cauca, sobre propiedad de la tierra, no encuentran justificación. Está plenamente demostrado que los indígenas son los mayores terratenientes del Departamento, con el agravante de tener  abandonadas enormes extensiones que, en manos de sus antiguos propietarios blancos y mestizos, fueron convenientemente explotadas y razonablemente productivas.

 Al paso que vamos, si nos van a dejar a merced de los indígenas, se hará realidad la promesa del paredón con que amenazó el senador Benedetti a quienes no compartimos el método castro-chavista para la finalización del conflicto.

 Así las cosas, no parece que la paz esté de un cacho, está en un cacho brother.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 28.02.15

sábado, 21 de febrero de 2015

Ellos son así





 Hay unos seres humanos que, para los otros, desean sólo lo que a ellos les gusta y les satisface. Quieren que los otros sean y hagan como a ellos les parece que deben ser y hacer. Pero, cuidado, ellos no son arbitrarios, ni intolerantes, ni cuadriculados, ni fundamentalistas, ni excluyentes, nada de eso, simplemente son liberales, despercudidos, modernizantes y progres.

 Observa uno que a ellos les molesta lo que los demás piensan o dicen, se incomodan por lo que ocurre sin su consentimiento, detestan otras formas de apreciar y valorar el universo y sus componentes, y hasta descalifican a quienes piensan o creen que un Ser Superior es dueño, amo y Señor de la existencia.

 Se lee en los diarios que consideran intrascendentes las aspiraciones espirituales de los otros, el sentido del deber lo asimilan a camisa de fuerza adoptada por los amigos del militarismo o de los radicalismos culturales y religiosos, y se desgañitan proclamando que lo bien visto es fumar marihuana, consumir coca, libar fermentos en cantidades industriales, copular sin freno ni medida, matricularse en amorfos movimientos del intelecto y desprestigiar cualquier regla que provenga, se parezca o se aproxime a los mandamientos que la Iglesia Católica predica y defiende.

 A ellos, a los que no les parece adecuado adoptar elementales reglas de disciplina espiritual, se les complica la vida cuando sus conciudadanos defienden universales principios de contenido moral o de inofensiva buena conducta social, se les altera el pulso y se les sube la presión arterial cuando a otros se les ocurre repudiar el aborto delictuoso, u oponerse a la adopción por parejas homosexuales.

 Trinan de la ira, a la vieja usanza de trinar, cuando sus amigos o conocidos se oponen a la disolución del Estado de derecho y al fraccionamiento del territorio patrio, y llegan al extremo, ellos que no son extremistas, de catalogar como retardatarios a quienes no comulgan con la idea de convertir el mundo en una feria de conciencias, o a quienes reprochan el concierto de franquicias criminales en que se quiere transformar a la Patria en que nacimos.

 Sienten que la plenitud de la existencia se centra en el desbordamiento de todo marco, el desacato de toda norma y el atropello de todo límite; piensan y dicen que quienes no comparten sus gustos seguramente rechazan los deleites y posibilidades placenteras que van implícitas en la terrena humanidad, y que tampoco disfrutan los múltiples goces con que Dios premió al hombre y a los organismos vivos de la creación.

 Sueñan que los lanzados mensajes del reggaetón son más edificantes que los salmos del majestuoso gregoriano, y gritan que la impecable presentación personal o los actos de reverencia frente a Dios son grosera exteriorización de hipocresía, de esa hipocresía que ellos no padecen porque ellos sólo reverencian lo que consideran socialmente civilizado y liberador, así arrastren consigo las irremediables desgracias en que se constituyen el temprano comportamiento criminal de la juventud, el  creciente descuartizamiento de la familia tradicional, y la intonsa dilución del ser en los oscuros laberintos del vicio.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 21.02.15