viernes, 9 de diciembre de 2011
Donquijote Puntocom: Las Farc han dejado de existir
Donquijote Puntocom: Las Farc han dejado de existir: Para muchos, afirmar escuetamente que las Farc no existen, podría significar la simple exteriorización del deseo, pero, bien vista...
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Las Farc han dejado de existir
Para muchos, afirmar escuetamente
que las Farc no existen, podría significar la simple exteriorización del deseo, pero,
bien vistas las cosas, esa es una verdad tajante.
Siempre se nos dijo que en sus
comienzos, reclamando la restitución de semovientes y aves de corral, alias
Tirofijo pretendió reivindicar derechos y pertenencias que estéril
confrontación partidista les había
arrebatado a campesinos colombianos.
Y el largo aliento vital de
Tirofijo, sembrando dolor y odios en los
campos colombianos, hizo que el mundo equiparara la longevidad del bandido a la
permanencia y continuidad de su alzamiento.
Sin embargo, las acciones de
facinerosos sumados a sus filas marcaron pautas y dejaron huellas que desdibujan el prístino objetivo de
una revolución popular.
El grupo armado, definitivamente ajeno a las
luchas sociales, se enriqueció con el producto del secuestro y la extorsión, a
lo que sumó el control de mercados negros, no sólo de drogas ilícitas, sino de oro, esmeraldas, uranio, y otros minerales irregularmente
explotados en territorio colombiano y zonas fronterizas.
Dolorosamente algunos sectores,
desheredados de la sociedad colombiana, confundían el negocio del secuestro con
gestos de caridad guerrillera, que dizque buscaban quitar a los ricos para dar a
los pobres, y multitudes creían que la guerrilla erradicaría desigualdades, latrocinios y
corruptelas.
Hasta cuando el pueblo colombiano
comprendió los verdaderos propósitos delincuenciales y terroristas de esa banda
armada que, respaldada por Cuba y la Unión Soviética, gestionaba su reconocimiento
universal como ejército insurgente.
Pretendieron venderle a la
humanidad un Caballo de Troya, con arreos de alzamiento popular, en el que se
ocultaba la amarga pesadilla de un imperio mafioso.
Lo que hoy hay allí no es un
ejército del pueblo, ni eso tiene un mando
narcoguerrillero unificado, una supuesta
salida negociada desactivaría algunos
frentes delictivos, mientras otros harían tránsito a nuevas bandas criminales
dispersas por la geografía nacional, como ya sucedió con el sometimiento de los
carteles y el paramilitarismo.
El cobarde fusilamiento de
secuestrados a manos de sus captores “trogloditas”, bien denominados así por el
sobreviviente Luis Alberto Erazo, desenmascara para siempre a la organización
mafiosa en que se transformó la cuadrilla de Tirofijo.
Los duros términos utilizados por
alias Timochenko en su airado reclamo por la baja de alias Cano, traslucen las
lamentables malformaciones ideológicas en que la barbarie criminal pretende atrincherarse, para sustentar su engañosa prédica de las
reivindicaciones sociales.
Algo más que “amenazante y
brutal” resultó el propio Timochenko, quien “salvajemente” mató a cuatro seres humanos, con “métodos
notoriamente desproporcionados”, para señalarnos, al Presidente Santos, a todos
los colombianos, y particularmente a quienes aún permanecen cautivos tras sus
alambradas de púas, que nos dará “el mismo tratamiento”. Pero no nos dejaremos amedrentar de ese modo Timochenko, no nos dejaremos
amedrentar.
Coletilla: Apartes del citado
reclamo pueden consultarse en http://www.eltiempo.com/colombia/otraszonas/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-10799385.html
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 30.11.11
jueves, 24 de noviembre de 2011
Para poderles creer
Nada es fácil, ni siquiera lo que
cuente con la venia de quienes tradicionalmente ponen y disponen.
Las complejidades del Cauca y Popayán,
el desplazamiento forzado de campesinos, el abandono de tierras ganaderas, el
auge de cultivos ilícitos, la minería ilegal financiada por bandas criminales,
la indisciplina social, la profunda crisis de valores, la inveterada costumbre
de amañar la contratación administrativa, el incremento del desempleo y el
consecuente desbordamiento delincuencial en zonas urbanas y rurales, son
capítulos densos para cualquier mandatario.
Cierto es que las intenciones se
muestran sanas, y que la prédica electoral incluyó promesas de lucha
anticorrupción, pero nada bueno puede anticiparse a la hora de las partijas burocráticas
dentro de las administraciones que se avecinan.
Las atípicas alianzas ganadoras,
por la disparidad de tendencias que aglutinan, son seguro semillero de contrariedades
ideológicas y programáticas al momento de gobernar.
Conocimiento, talante, talento y
prudencia en la negociación política, son las habilidades a mostrar por los
nuevos ordenadores del gasto público, y verdaderos responsables del éxito o
desbarajuste administrativo que su cuatrienio nos deje.
Al departamento le llega la
irreversible desbandada guerrillera procedente del sur del Tolima y norte del
Huila, en donde esos armados ilegales han perdido importantes asentamientos
históricos.
La lucha guerrillera del futuro
es por el control del Pacífico, en las planicies costaneras de la Cordillera Occidental,
y por el dominio de los corredores estratégicos que comunican con la Cordillera
Central.
Las bocanas del río Patía, el
Napi, Saija, bajo Micay, el caudaloso Naya y todos los esteros selváticos que
permiten navegación liviana, desde Tumaco en Nariño hasta Buenaventura en el Valle, son los nuevos escenarios de la
guerra en que se involucra al departamento del Cauca.
Guapi, López y Timbiquí,
olvidados municipios del litoral caucano, son posiciones estratégicas para el
trafico de estupefacientes en que ya están inmersos Argelia, El Tambo, Cajibío,
Morales y Suárez, que a su vez limitan con los costaneros, y por donde existen
desfiladeros hacia el interior del departamento y el país.
Dicho de otra manera, el Cañón de
Las Hermosas será cambiado por casi todo el departamento del Cauca, puesto que
desde las cimas de la Cordillera Central en el norte y centro del departamento,
Tacueyó, Toribío, Jambaló, Mosoco, y desde las alturas del Macizo de Almaguer,
soportaremos el embate violento de las Farc para mantener sus corredores hacia
el Océano Pacífico.
Muy fino tendrán que hilar el
Gobernador del Cauca y el Alcalde de Popayán, en la provisión de recursos
logísticos, asistencia social, y facilitación de créditos blandos,
especialmente al sector agropecuario, con el propósito de afianzar la sana
productividad y fortalecer financieramente a los pobres y a los desempleados,
para quitarles la humana tentación de vincularse a las milicias, a los combos de
sicarios, o a los grupos de raspachines que, muy bien pagos, ya se resisten a recolectar
café y a ejecutar lícitas faenas del
campo.
La clave de la prosperidad se
funda en la inclusión de jóvenes marginados y no en el reparto de prebendas que reclaman viejos empresarios
electorales.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 16.11.11
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Paz y felicidad
La paz y la felicidad se parecen
en que, una vez perdidas, nunca se regresa a ellas.
El mundo en su caótica existencia, porque desde cuando era
caos era mundo y nunca ha dejado de ser caos, ha ido y venido haciendo eses y
erres en busca de imposibles que ilusionan y matan.
La Operación Odiseo inscribe a
Colombia en lista de espera para volver a los esquivos terrenos de la paz feliz,
pero muchas eses y erres vamos a
describir antes de toparnos un mísero remedo
de tan alto ideal.
Milan Kundera, auténtico filósofo
de la vieja Bohemia, en el introito de su novela “La ignorancia”, con suaves oleajes semióticos
nos pasea por las etimologías griegas, y nos empuja hasta las playas de Ítaca para mostrarnos a Odiseo como “el mayor
aventurero y nostálgico de todos los tiempos”.
Pero en búsqueda de la esencia de
las cosas, suprema tarea del filosofo, nos apabulla con su definición de
nostalgia: “sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar”.
Por cuanto que nuestro Odiseo,
como Ulises en La Odisea, encarnan al nostálgico aventurero de Kundera, largas luchas
y cruentos sacrificios serán necesarios en tránsito
hacia ese destino imposible, la felicidad de la paz.
Bueno sería poder sentarnos a
decretar la pronta concreción de un sueño. Eso es el testamento de Bolívar, un
bello sueño a cuya realización anhelaba
que contribuyera su muerte.
El terrible itinerario de
nuestros últimos quinientos años no da para bonitas previsiones. Tal parece que
el infortunio de nuestros países, como el de los que inspiran a Kundera,
“consiste en la ausencia total de esperanza”.
Desolador panorama, sí, pero no
menos realista. Imposible olvidar que frente a viejas verdaderas democracias,
de la nuestra se dice que no pasa de ser una joven democracia en formación.
No han transcurrido aún
doscientos años desde el triunfo de nuestra rebeldía contra el coloniaje, y
sangrientas confrontaciones intestinas han caracterizado nuestro devenir
republicano. Nuestras guerras nacieron con la llegada de Colón, y la última de
ellas, talvez más dolorosa que las otras, está en pleno desarrollo.
Acabamos de ganar una batalla, y
no cualquier batalla, pero quedamos sin saber cuando terminará la guerra.
Bendita sea la Providencia que
guía a nuestros soldados y les muestra caminos transitables para debilitar al
enemigo. Honrados sean los valerosos militares que ahora hacen Patria a costa
de su tranquilidad personal y a expensas
de la tranquilidad de sus familias. Los colombianos que aplaudimos sus
victorias, que son nuestras, no tenemos con qué retribuirles el bien que hacen
a la sociedad.
Mas ¿cuál será la respuesta de los antisociales
que pululan en campos y ciudades, ansiosos ellos de riqueza rápida, sedientos
de figuración y poderío dentro de unas organizaciones marginales, carentes de
frenos morales, y afianzadas en el ejercicio de la barbarie?
Los días que nos esperan son
difíciles, muníficas fundaciones internacionales que para todo se prestan ya
deben estar pertrechando la zaga de milicianos, mortíferos herederos de una
cuadrilla violenta y peligrosamente adolorida por la baja de su cabecilla
insepulto.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 06.11.11
miércoles, 26 de octubre de 2011
La hora de la verdad
Claro que debemos
participar, el deber ciudadano es votar
y elegir, pero no de cualquier manera, ni al primero que aparezca.
Muchas cosas se dijeron y pocas
son realizables. Los candidatos nos prometieron todo, pero no consultaron las limitadas competencias asignadas a los
cargos que se disputan.
Eso no es nuevo, siempre ha sido
así, y por eso hemos transitado sin derroteros específicos que nos conduzcan a
mejores espacios, deambulamos sin carta de navegación segura, sin metas concretas,
sin cifras, sin cálculos, sin seriedad.
A la masa le meten cuentos, nos meten cuentos porque todos somos masa, y
unos pocos astutos, una parranda de avispados, engreídos y hasta insolentes, son
los que resultan liderando redenciones y apropiándose las banderas de nuestros ideales para
hacer de ellos un caldo enfermizo, tóxico y casi mortífero.
¿Desde cuándo les es lícito a los
ganosos de figuración y de regalías gritar tantas frases insubstanciales, y construir semejante
parafernalia de consignas livianas con las que hipnotizan y subyugan?
Parece que desde siempre. El
rápido vistazo a la historia nos presenta un cúmulo de frustraciones, doctrinas
arrugadas, esperanzas muertas, latrocinios y fechorías impunes que
dramáticamente aprendemos a olvidar.
En Colombia controlan la política
quienes no deberían hacerlo, por eso suelen ganar las elecciones quienes no merecen gobernarnos; esa
es la dolorosa injusticia que arde sobre el altar de nuestra democracia.
Pero pensándolo bien, en esta
oportunidad nadie ha ganado ni perdido, apenas estamos en el pulso, hasta ahora
estamos midiendo fuerzas, aún estamos mirándonos a los ojos y conteniendo la
respiración, Estamos a tiempo para ganar.
Y a eso sí que nos debemos
comprometer, en eso de ganar sí que tenemos que poner neuronas y corazón, porque para el Cauca no es bueno volver a perder ni abrir caminos para seguir perdiendo.
Debemos renunciar al pernicioso tanteo
electorero que nos insinúan los traficantes de encuestas, y aplicarnos a la
juiciosa búsqueda de soluciones que
erradiquen nuestros problemas comunes.
Si en política hemos terminado
expuestos al aleatorio juego de oferta y demanda, pues pongamos la demanda
social por encima de la oferta demagógica, rechacemos el engaño, repudiemos lo de
siempre, la maquinaria, la venalidad, la imposición, los guiños, y aseguremos la razonable satisfacción de
nuestras necesidades colectivas.
Al gobernante capaz y probo lo encontramos
si encendemos las luces del sano razonamiento y las limpias intenciones.
No pongamos la conciencia en
pública subasta, eso nos condena al
silencio. Lo ideal es el voto ético y acrisolado para poder preservar la autoridad
moral que nos permita denunciar a quienes intenten defraudarnos.
Descartemos a enredados repitientes
que ya fueron probados y no dieron resultados, abramos puertas a nuevas
generaciones inteligentes y bien estructuradas que piden pista con excelentes títulos
y suficiente oficio. El Cauca necesita sepultar las mulas muertas que hacen
intransitables los caminos de la modernidad. Hay jóvenes con el cariz necesario
para airear los fétidos reencauches que la política tradicional propone.
Los verdes, en Santiago Zambrano
Simmonds, tienen la figura fresca y la mejor personalidad para gobernar al
Cauca.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 16.10.11
martes, 11 de octubre de 2011
Un siglo después
Hace un siglo en el poblado
moralense, el 12 de octubre de 1911, nació Miguel Antonio Velasco Mera.
Ese jueves, fiesta de la raza y
día del árbol, bajo el característico
techo de paja que cubría las
casas levantadas durante el siglo XIX, cerca a la capilla consagrada al culto
del Patrono San Antonio de Padua, dentro de la franca sencillez y amorosa
austeridad del hogar formado por Néstor Velasco y Romelia Mera, llegó a la vida Miguel Antonio el segundo de
sus hijos.
La casa paterna se asentaba en el
fondo de la hondonada que durante la infancia conocimos con la bucólica
denominación de Guaicoseco, a la vera derecha del camino nacional, sobre el
trecho que desde la iglesia parroquial conduce al “Colegio Francisco Antonio Rada”.
Al norte del pueblo, costado
occidental del “Parque Los Fundadores”, en donde a mediados del siglo pasado existió
el almacén de los Velasco Cuellar, allí tuvo su sede comercial la familia Velasco
Mera, que hasta la muerte de don Néstor se dedicaba a la venta de paños, sedas
y adornos importados, artículos adquiridos
en el “Bazar Francés”, emblemática tienda del viejo Popayán, cuyo propietario
Arquímedes Velasco era hermano de Néstor y tío de Miguel.
En muy temprana juventud, a la
muerte del padre, Miguel Antonio se traslada a Cali, donde aprende mecanografía
y contabilidad en las llamadas Escuelas de Comercio, y así logra vincularse a
la vida de oficinista, inicialmente como escribiente de la alcaldía de Miranda,
luego como fiel en una empresa azucarera que entonces comenzaba a florecer al
sur del Valle del Cauca, y después como asistente contable del banco Agrícola
Hipotecario, que para la época dirigía don Abel Cruz Santos.
Flechado por Cupido regresó a
Morales, en junio de 1938, para contraer
matrimonio con Margarita María Cuevas
Velasco, hija de Samuel Cuevas y Josefina Velasco, y en ese hogar formado por Miguel y
Margarita, nacimos Nilson, fallecido a
tierna edad, Harold, Miguel, y Lucía Velasco Cuevas que sobrevivimos.
Desde ese tiempo agenció allí sus negocios particulares, en compraventas de
café, carbón vegetal, maderas redondas y
aserradas que transportaba hasta Cali en
los añorados Ferrocarriles del Pacífico,
y cuando el negocio maderero creció, fletaba embarcaciones marítimas a cupo completo, con maderas aserradas que
desde Salahonda, en la Costa del Pacífico nariñense, llegaban primero a
Buenaventura, y luego se transbordaban a las planchas ferroviarias para
subirlas a Cali.
Recorrió los caminos de la
política con el orden y la honradez como ideales, sirvió a sus gentes, trabajó
por el terruño y la comarca, en múltiples contiendas electorales abanderó la
causa del partido conservador para integrar los concejos municipales de Morales
y Timbío, y en dos oportunidades llegó a la Asamblea Departamental del Cauca y presidió su mesa directiva.
Miguel Antonio Velasco Mera, en
el centenario de su natalicio, nos permite evocar tiempos idos, cuando el amor
de hogar, el sentido de responsabilidad integral, y los compromisos de solidaridad social,
conformaban la estructura familiar que fundaba pueblos prósperos y marcaba rumbos ejemplares.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
Fecha memorable
Al señor director académico,
al cuerpo de docentes y
a la comunidad estudiantil del Colegio Francisco Antonio Rada
Morales (Cauca)
En las redes sociales he visto algunas fotografías alusivas a reciente conmemoración académica.
Con orgullo y satisfacción de moralense, comparto con ustedes la alegría de celebrar el cuadragésimo aniversario del Colegio Francisco Antonio Rada.
A propósito de tal efemérides, muy respetuosamente les informo que, el próximo miércoles 12 de octubre de 2011, se cumple un siglo del nacimiento de don Miguel Antonio Velasco Mera, promotor y entusiásta gestor de la creación de esa Institución Educativa.
Evidentemente, desde su escaño en el concejo municipal de Morales, desde la alcaldía que ejerció en dos oportunidades, y desde la Vicepresidencia de la Asamblea Departamental del Cauca, impulsó y obtuvo la aprobación de las ordenanzas que crearon y dieron el nombre al Colegio.
Me parece importante que en esa fecha centenaria, como gesto de legítima recordación y reconocimiento a tan loable iniciativa, se haga alguna mención, o al menos se guarde un minuto de silencio, para honrar la memoria de quien abrió puertas a la educación y la cultural de niños y jóvenes moralenses.
Con afecto,
Miguel Antonio Velasco Cuevas
al cuerpo de docentes y
a la comunidad estudiantil del Colegio Francisco Antonio Rada
Morales (Cauca)
En las redes sociales he visto algunas fotografías alusivas a reciente conmemoración académica.
Con orgullo y satisfacción de moralense, comparto con ustedes la alegría de celebrar el cuadragésimo aniversario del Colegio Francisco Antonio Rada.
A propósito de tal efemérides, muy respetuosamente les informo que, el próximo miércoles 12 de octubre de 2011, se cumple un siglo del nacimiento de don Miguel Antonio Velasco Mera, promotor y entusiásta gestor de la creación de esa Institución Educativa.
Evidentemente, desde su escaño en el concejo municipal de Morales, desde la alcaldía que ejerció en dos oportunidades, y desde la Vicepresidencia de la Asamblea Departamental del Cauca, impulsó y obtuvo la aprobación de las ordenanzas que crearon y dieron el nombre al Colegio.
Me parece importante que en esa fecha centenaria, como gesto de legítima recordación y reconocimiento a tan loable iniciativa, se haga alguna mención, o al menos se guarde un minuto de silencio, para honrar la memoria de quien abrió puertas a la educación y la cultural de niños y jóvenes moralenses.
Con afecto,
Miguel Antonio Velasco Cuevas
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