¿Qué pasa en el Cauca? Esta pregunta que nos hacemos los caucanos tiene una sola respuesta. La delincuencia arrinconó a los ciudadanos de bien.
Vivir en el Cauca es un juego peligroso. Poblaciones enteras tienen que convivir con el crimen porque no tienen nada más que hacer. Municipios que fueron verdaderos espacios de paz, como lo era el departamento entero, resultaron convertidos en corredores y santuarios de la narcodelincuencia guerrillera.
Los humildes, los labriegos, los pequeños productores agrícolas, los nativos de diversas comarcas caucanas están forzados a mirar el permanente transitar de cuadrillas delincuenciales que imponen sus condiciones a punta de extorsiones, vacunas, peajes, amenazas y exterminio.
Los medianos comerciantes, los transportadores, los cafeteros, los ganaderos permanecen expuestos al riesgo de una citación que proviene del monte, emitida por cualquier bandido que se dice comandante de tal o cual región, para que se presenten en sus guaridas a negociar la cuota de permanencia en sus fincas, en sus actividades, en sus negocios, en sus lugares de trabajo. Obviamente el que no paga se convierte en desplazado o en cadáver.
Doloroso saberlo pero son las propias gentes buenas, los amigos, los trabajadores corrientes y normales del vecindario quienes resultan utilizados para llevar la razón de los bandidos unas veces, y hasta para recoger el monto de la extorsión otras veces, bajo intimidación de silencio o muerte.
El Cauca no está complicado, el Cauca está en degradante proceso criminal que intimida a blancos, indios, negros, campesinos y citadinos.
Las noticias procedentes del campo dejan ver el permanente deterioro de la paz pública y la creciente violación de los derechos humanos en las propias goteras de Popayán.
Morales, Piendamó, Cajibío, El Tambo, Timbío, Silvia, Totoró son escenario continuado de tropelías agotadas por criminales que allí mantienen sus tiendas de campaña, sus ejes de desplazamiento, sus fachadas blanqueadas, sus trincheras, sus ingnominiosas barracas, desde donde dirigen y controlan la compleja acción delictiva tejida en torno al cultivo tecnificado de plantaciones ilícitas.
En el Cauca se siembra y se procesa todo, marihuana, coca, amapola. El Cauca es punta de lanza para acceder a los embarcaderos clandestinos de la costa del Pacífico.
Lo que pasa en el Cauca es que al Gobierno Nacional le ha faltado fortaleza y decisión para erradicar, por todos los medios, la ilícita industria de los estupefacientes impulsada por las Farc desde el Cañón de Las Hermosas.
Lo que pasa en el Cauca es que no hay compromiso moral de cierta clase dirigente para decir la verdad y asumir la defensa del departamento y de sus gentes. Hay muchas personas aspirando a todos las dignidades, pero no hay una sola voz que denuncie la tragedia y que se comprometa en la lucha contra el delito como para eliminar las sospechas de connivencia con los bandidos. Y muchos mudos ganarán elecciones.
Mientras haya quienes se opongan a la erradicación manual y a la aspersión seguiremos sometidos al imperio del terror.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 05.03.11
sábado, 5 de marzo de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
El asunto indígena y campesino al desnudo.
Tantas cosas se dicen frente al asunto indígena y campesino que a ratos parecen confundirnos.
Lo acertado frente a la malformación de conceptos, costumbres, atavismos, usos y maneras en que muchos se amparan para atacar o dañar lo que el Estado hace por la subsistencia de indígenas, es ubicarse en los espacios territoriales habitados por indígenas, negros y mestizos y constatar lo que allí sucede.
Es cierto que algunos indígenas viven en la miseria, sí, pero no por desgreño del Estado, sino por el deterioro físico y mental a que los conduce el excesivo consumo de fermentos, fundamentalmente derivados del maíz y la caña de azúcar, o por abuso del mambe.
Muchos indígenas, atraídos por los brillos de la postmodernidad y cansados de trillar trochas, resolvieron incorporarse a la fuerza laboral urbana y no les ha ido mal. Otros, anclados en el paternalismo gubernamental, prefieren esperar el gratuito furgón alimenticio con productos que consumen sin reparos, aunque sean importados o contengan conservantes. Imposible olvidar que ciertas proclamas de sus denominadas luchas giran contra el incremento del comercio internacional importador de alimentos manipulados en distintas formas.
Es difícil encontrar espacios de coincidencia con personas que utilizan doble faz en la denuncia, en el manejo y en la búsqueda de soluciones para grupos sociales que se dicen marginados, aunque tal vez no lo sean.
De verdad, proporcionalmente, es mucho más intensa la presencia del Estado y de organismos internacionales en territorios indígenas y de negros, que en espacios tradicionalmente ocupados por mestizos que somos el tercer componente de esta imbricada configuración genética colombiana.
Obvio que en tiempos electorales aparecen proindigenistas de oficio, rebuscadores del sufragio que para aumentar sus cuentas se declaran partidarios del argumento indigenista, pero en la vida real poco o nada sienten y menos saben de las condiciones vitales que cubren a indios, negro y mestizos.
Pero el pecado no es del Estado, ni de los blancos como suelen llamar a los que no son indígenas, el pecado es de los propios dirigentes indígenas, que inmersos en la corruptela campeante, andan en oficinas de toda especie, organizaciones, instituciones, delegaciones, campañas y fundaciones tratando de pescar ventajas, medrando como se dice, en total contraposición con legítimos intereses de sus comunidades, que algo esperan de unos líderes procaces interesados en inflar sus mochilas pero no las de sus congéneres.
El Cauca es el mayor aportante de temática indígena, inmensas regiones están ocupadas por resguardos que lejos de estrecharse se han expandido.
Pero el problema no es de mirar con la óptica mezquina de si merecen o no merecen tierras y más tierras para conservarse dentro de ciertos parámetros étnicos de autoestima y pertenencia, sino en función de la torcida utilización del grupo, como unidad social, para ponerlo a defender lo que no es de ellos, ni de sus ancestros, ni de sus conveniencias.
Al Estado y a la sociedad les interesa que los indígenas gocen de plenas garantías para el desarrollo de proyectos que afiancen la coexistencia y el sentido de comunidad nacional, pero conjuntamente deben vigilar con esmero que en territorios de indígenas nadie se dedique a cohonestar actividades narcofinanciadas, como viene sucediendo en distintos sectores del macizo colombiano, donde pulula la amapola, y como está sucediendo en Morales, a muy cortas distancias del perímetro urbano, donde indígenas y campesinos son manipulados para oponerse a los procesos oficiales de erradicación de cultivos de coca.
Tradicionales comarcas dedicadas al cultivo de café, plátano y caña de azúcar terminaron transformadas en tecnificadas plantaciones ilícitas. Fuentes creíbles hablan de ochocientas hectáreas sembradas de coca en el municipio de Morales.
Algo deben hacer las autoridades nacionales y departamentales para impedir que a los indígenas, a los negros y a los campesinos se les truequen las costumbres, usos y apegos, por unas matas de coca que terminan convertidas en armas, municiones y muerte, pero nunca transformadas en mejores condiciones de vida para comunidades ancestrales.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 26.02.11
Lo acertado frente a la malformación de conceptos, costumbres, atavismos, usos y maneras en que muchos se amparan para atacar o dañar lo que el Estado hace por la subsistencia de indígenas, es ubicarse en los espacios territoriales habitados por indígenas, negros y mestizos y constatar lo que allí sucede.
Es cierto que algunos indígenas viven en la miseria, sí, pero no por desgreño del Estado, sino por el deterioro físico y mental a que los conduce el excesivo consumo de fermentos, fundamentalmente derivados del maíz y la caña de azúcar, o por abuso del mambe.
Muchos indígenas, atraídos por los brillos de la postmodernidad y cansados de trillar trochas, resolvieron incorporarse a la fuerza laboral urbana y no les ha ido mal. Otros, anclados en el paternalismo gubernamental, prefieren esperar el gratuito furgón alimenticio con productos que consumen sin reparos, aunque sean importados o contengan conservantes. Imposible olvidar que ciertas proclamas de sus denominadas luchas giran contra el incremento del comercio internacional importador de alimentos manipulados en distintas formas.
Es difícil encontrar espacios de coincidencia con personas que utilizan doble faz en la denuncia, en el manejo y en la búsqueda de soluciones para grupos sociales que se dicen marginados, aunque tal vez no lo sean.
De verdad, proporcionalmente, es mucho más intensa la presencia del Estado y de organismos internacionales en territorios indígenas y de negros, que en espacios tradicionalmente ocupados por mestizos que somos el tercer componente de esta imbricada configuración genética colombiana.
Obvio que en tiempos electorales aparecen proindigenistas de oficio, rebuscadores del sufragio que para aumentar sus cuentas se declaran partidarios del argumento indigenista, pero en la vida real poco o nada sienten y menos saben de las condiciones vitales que cubren a indios, negro y mestizos.
Pero el pecado no es del Estado, ni de los blancos como suelen llamar a los que no son indígenas, el pecado es de los propios dirigentes indígenas, que inmersos en la corruptela campeante, andan en oficinas de toda especie, organizaciones, instituciones, delegaciones, campañas y fundaciones tratando de pescar ventajas, medrando como se dice, en total contraposición con legítimos intereses de sus comunidades, que algo esperan de unos líderes procaces interesados en inflar sus mochilas pero no las de sus congéneres.
El Cauca es el mayor aportante de temática indígena, inmensas regiones están ocupadas por resguardos que lejos de estrecharse se han expandido.
Pero el problema no es de mirar con la óptica mezquina de si merecen o no merecen tierras y más tierras para conservarse dentro de ciertos parámetros étnicos de autoestima y pertenencia, sino en función de la torcida utilización del grupo, como unidad social, para ponerlo a defender lo que no es de ellos, ni de sus ancestros, ni de sus conveniencias.
Al Estado y a la sociedad les interesa que los indígenas gocen de plenas garantías para el desarrollo de proyectos que afiancen la coexistencia y el sentido de comunidad nacional, pero conjuntamente deben vigilar con esmero que en territorios de indígenas nadie se dedique a cohonestar actividades narcofinanciadas, como viene sucediendo en distintos sectores del macizo colombiano, donde pulula la amapola, y como está sucediendo en Morales, a muy cortas distancias del perímetro urbano, donde indígenas y campesinos son manipulados para oponerse a los procesos oficiales de erradicación de cultivos de coca.
Tradicionales comarcas dedicadas al cultivo de café, plátano y caña de azúcar terminaron transformadas en tecnificadas plantaciones ilícitas. Fuentes creíbles hablan de ochocientas hectáreas sembradas de coca en el municipio de Morales.
Algo deben hacer las autoridades nacionales y departamentales para impedir que a los indígenas, a los negros y a los campesinos se les truequen las costumbres, usos y apegos, por unas matas de coca que terminan convertidas en armas, municiones y muerte, pero nunca transformadas en mejores condiciones de vida para comunidades ancestrales.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 26.02.11
miércoles, 16 de febrero de 2011
Las propuestas de Zambrano.
Laudable la actitud de Santiago Zambrano Simmonds al presentar propuestas que aspira a desarrollar durante el cuatrienio 2012-2015 si el pueblo caucano lo elige Gobernador.
En estos tiempos de tantas ambiciones personales y de tantas candidaturas facilonas, el gesto cívico de este promisorio exponente de la juventud e inteligencia payanesas es un verdadero acto de valentía y responsabilidad política.
De valentía porque muestra las ganas, el arrojo, la gallardía, el entusiasmo para buscar el triunfo con unas cartas limpias, que muy seguramente le gustarán a ciudadanos anhelantes de ver al Cauca en destacados lugares de desarrollo.
De responsabilidad porque eso es lo que deben hacer los aspirantes a cargos de semejante significación política. Divulgar programas, compartir ideas, definir estrategias, afinar argumentos y marcar el derrotero en que se afianzará la gestión pública encomendada por el pueblo.
Magnífico que ese programa de gobierno conjugue el verbo prosperar. Allí está contenida la visión de futuro que tanta falta nos hace. Pero, fundamentalmente, esboza la necesidad de derrotar la envidia, la animadversión, la confrontación pequeña, la rencilla menuda y convoca a la generosa sumatoria de esfuerzos para la construcción de soluciones exitosas.
Se anima el programa con temas palpitantes en la economía global, como son las políticas de productividad, la generación de energía, el desarrollo del turismo, la apertura y conservación de vías, la concreción de proyectos agropecuarios con previsiones para la comercialización, el definitivo impulso a la caficultura con óptica exportadora, y el apoyo a iniciativas privadas para la construcción de la central de abastos en Popayán.
No se quedan por fuera la histórica vía al mar, el puerto marítimo en costas departamentales, ni la materialización del ferrocarril del Norte del Cauca.
En fin, el fortalecimiento permanente de la seguridad, el mejoramiento integral de la infraestructura en salud, la titulación de tierras, la vivienda rural digna, los distritos de riego, el ordenamiento territorial del sector rural, las políticas del sector minero, la ciencia y la tecnología, la prevención de drogadicción en infantes y adolescentes, y el permanente apoyo a programas culturales y deportivos, entre otros, conforman la cuidadosa propuesta que el joven candidato presenta a estudio de los sectores políticos del departamento.
No se puede dudar que todo ello es un significativo aporte a la seriedad de la campaña política, desde un ángulo en que se le resta espacio a los improperios y al agravio, para situarla en dónde debe estar, en los terrenos del debate civilizado.
Buen tiempo para su propuesta candidato, buen viento, buena suerte y buena mar.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 16.02.11
domingo, 13 de febrero de 2011
Debemos rescatar la verdadera política.
A diario se escuchan y leen críticas múltiples contra todos y contra todo ese armazón social genéricamente denominado la política.
Para muchos, no pocos, la política es el engranaje administrativo con todos sus lastres y deficiencias.
Entienden la política no como una actividad mental y física que nutre y resume la historia de los pueblos, sino como el brutal entramado al que unos pocos acceden por su procedencia familiar, sus vínculos sociales, la fortaleza de su chequera o su capacidad para la componenda.
Cierto que muchos de los más connotados actores de ese abstruso escenario nacional e internacional ayudan, con sus comportamientos retorcidos, no sólo a consolidar esa equivocada percepción de lo político, sino a incentivar el pérfido afán de otros, más torcidos aún, por inmiscuirse y tratar de anclarse en el control y reparto del dinero público.
Atrás quedaron, tiempos aquellos, las sacrificadas acciones de virtuosos patriarcas que anteponían la conveniencia social y el interés general a la mezquina satisfacción de particulares ambiciones.
Enfrentados nosotros a las nuevas realidades de los pueblos, inmóviles casi, impotentes a ratos ante desalentadores cuadros de rapiña, latrocinio y desgreño que dibujan, desdibujan mejor, el compromiso ideológico de los partidos y la debida conducta del individuo ante las cosas que a todos interesan, sentimos necesidad de estrujar la conciencia colectiva, el alma nacional, el sentido de pertenencia y confrontar a los sujetos pensantes para reclamar de ellos un gesto altivo que desactive el desenfreno.
Permanecer silentes, disimular la falla, menguar la entidad y naturaleza del daño por consideraciones de amistad, solidaridad de grupo o afinidad profesional, en nada ayuda al dilapidador oficial pero mucho daña al observador popular.
El ciudadano corriente, el vecino sencillo, el compatriota iletrado, el rebuscador callejero, lejos de espantarse y conmoverse ante la gesta reprochable del politiquero indelicado y zafio, han venido a satisfacerse por los inmorales logros del que llaman avispado y lamentan burlones el acto probo del funcionario o del contratista que honra la buena regla de sus deberes cívicos.
Todos los que sentimos necesidad de rescatar y reivindicar la política para los nobles propósitos que debe atender, estamos llamados a participar en ella, de la mejor manera posible, para darle a nuestra posteridad el ejemplo de dignidad que como testimonio patriótico tenemos recibidos de memorables antepasados.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 13.02.11
Para muchos, no pocos, la política es el engranaje administrativo con todos sus lastres y deficiencias.
Entienden la política no como una actividad mental y física que nutre y resume la historia de los pueblos, sino como el brutal entramado al que unos pocos acceden por su procedencia familiar, sus vínculos sociales, la fortaleza de su chequera o su capacidad para la componenda.
Cierto que muchos de los más connotados actores de ese abstruso escenario nacional e internacional ayudan, con sus comportamientos retorcidos, no sólo a consolidar esa equivocada percepción de lo político, sino a incentivar el pérfido afán de otros, más torcidos aún, por inmiscuirse y tratar de anclarse en el control y reparto del dinero público.
Atrás quedaron, tiempos aquellos, las sacrificadas acciones de virtuosos patriarcas que anteponían la conveniencia social y el interés general a la mezquina satisfacción de particulares ambiciones.
Enfrentados nosotros a las nuevas realidades de los pueblos, inmóviles casi, impotentes a ratos ante desalentadores cuadros de rapiña, latrocinio y desgreño que dibujan, desdibujan mejor, el compromiso ideológico de los partidos y la debida conducta del individuo ante las cosas que a todos interesan, sentimos necesidad de estrujar la conciencia colectiva, el alma nacional, el sentido de pertenencia y confrontar a los sujetos pensantes para reclamar de ellos un gesto altivo que desactive el desenfreno.
Permanecer silentes, disimular la falla, menguar la entidad y naturaleza del daño por consideraciones de amistad, solidaridad de grupo o afinidad profesional, en nada ayuda al dilapidador oficial pero mucho daña al observador popular.
El ciudadano corriente, el vecino sencillo, el compatriota iletrado, el rebuscador callejero, lejos de espantarse y conmoverse ante la gesta reprochable del politiquero indelicado y zafio, han venido a satisfacerse por los inmorales logros del que llaman avispado y lamentan burlones el acto probo del funcionario o del contratista que honra la buena regla de sus deberes cívicos.
Todos los que sentimos necesidad de rescatar y reivindicar la política para los nobles propósitos que debe atender, estamos llamados a participar en ella, de la mejor manera posible, para darle a nuestra posteridad el ejemplo de dignidad que como testimonio patriótico tenemos recibidos de memorables antepasados.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 13.02.11
miércoles, 9 de febrero de 2011
El reclamo de Salazar es el reclamo del Cauca.
En la tarde de ayer se conoció la noticia más reprochable que un caucano pueda tener.
Se dice que el expresidente Pastrana dizque reprende al Senador José Darío Salazar por reclamarle al Presidente Juan Manuel Santos que asuma directa y personalmente la lucha contra la delincuencia organizada que intimida a toda la comunidad nacional.
Desconoce Andrés Pastrana la triste realidad del departamento del Cauca y, de paso, la triste realidad de los rincones patrios en que se enseñorea el crimen organizado, se recrudece la violencia y se oxigenan las bandas narcoguerrilleras.
Una cosa es vivir en España o en Bogotá y otra, bien distinta, tener que vivir en Morales, en Piendamó, en Cajibío, en El Tambo o en cualquiera otro de los municipios del departamento del Cauca en donde rugen el secuestro, la extorsión, la intimidación, el asesinato, el desplazamiento y el terror.
Cualquier caucano medianamente informado, cualquier campesino corriente de los que madrugan a ordeñar para rebuscarse el sustento familiar, sin riesgo a equivocarse puede decir que el Senador Salazar habló en su nombre y representacion.
Tristeza sentimos quienes pensamos que un expresidente conservador, el expresidente Pastrana, debiera destinar su tiempo y sus influencias a defender la Patria amenazada y no a zaherír la dignidad, el honor y el más íntimo sentimiento del pueblo caucano y de todos las víctimas de la actual violencia de las bandas criminales.
El Cauca votó con devoción por el actual Presidente de la República porque entendió, y así lo sigue creyendo, que recuperaría su actividad agrícola y ganadera de la que siempre ha obtenido el diario sustento, pero, sin razones explicables, ha tenido que afrontar el peligroso e intimidante resurgimiento de actividades ilícitas que se creían derrotadas.
El Macizo Colombiano está invadido de amapola, la Costa Pacífica caucana esta invadida de coca, municipios ubicados en las goteras de Popaýan son la nueva frontera de los narcocultivos, del procesamiento y del tráfico de substancia ilícitas.
Andrés Pastrana, en su condición de expresidente, que no de jefe de ningún partido, debiera sentir vergüenza de los tristes episodios sucedidos en el Cauca durante su mandato, cuando una cuadrilla de indígenas perversamente capitaneada por las Farc sitió a Popayán y a todo el suroccidente colombiano, mediante el bloqueo de la carretera panamericana a la altura de El Cairo, en inmediaciones de Cajibío y Piendamó, a escasos quince kilómetros de Popayán.
También debiera cuestionarse sobre los espantosos efectos del despeje del Caguán, cuando los grupos delincuenciales de la época, concretamente las Farc, se dieron el más triste refresco de que se tenga noticia en la historia de la República, cuando ese grupo guerrillero aumentó sus caudales, expandió sus territorios, solidificó sus rutas y atropelló a sus anchas en los espacios que el propio expresidente Pastrana le otorgó.
El Cauca entero se siente representado por el Senador Salazar en su reclamo al Ejecutivo y rechaza de plano la desatinada intervención de un exmandatario que sólo tristezas le recuerda.
Se dice que el expresidente Pastrana dizque reprende al Senador José Darío Salazar por reclamarle al Presidente Juan Manuel Santos que asuma directa y personalmente la lucha contra la delincuencia organizada que intimida a toda la comunidad nacional.
Desconoce Andrés Pastrana la triste realidad del departamento del Cauca y, de paso, la triste realidad de los rincones patrios en que se enseñorea el crimen organizado, se recrudece la violencia y se oxigenan las bandas narcoguerrilleras.
Una cosa es vivir en España o en Bogotá y otra, bien distinta, tener que vivir en Morales, en Piendamó, en Cajibío, en El Tambo o en cualquiera otro de los municipios del departamento del Cauca en donde rugen el secuestro, la extorsión, la intimidación, el asesinato, el desplazamiento y el terror.
Cualquier caucano medianamente informado, cualquier campesino corriente de los que madrugan a ordeñar para rebuscarse el sustento familiar, sin riesgo a equivocarse puede decir que el Senador Salazar habló en su nombre y representacion.
Tristeza sentimos quienes pensamos que un expresidente conservador, el expresidente Pastrana, debiera destinar su tiempo y sus influencias a defender la Patria amenazada y no a zaherír la dignidad, el honor y el más íntimo sentimiento del pueblo caucano y de todos las víctimas de la actual violencia de las bandas criminales.
El Cauca votó con devoción por el actual Presidente de la República porque entendió, y así lo sigue creyendo, que recuperaría su actividad agrícola y ganadera de la que siempre ha obtenido el diario sustento, pero, sin razones explicables, ha tenido que afrontar el peligroso e intimidante resurgimiento de actividades ilícitas que se creían derrotadas.
El Macizo Colombiano está invadido de amapola, la Costa Pacífica caucana esta invadida de coca, municipios ubicados en las goteras de Popaýan son la nueva frontera de los narcocultivos, del procesamiento y del tráfico de substancia ilícitas.
Andrés Pastrana, en su condición de expresidente, que no de jefe de ningún partido, debiera sentir vergüenza de los tristes episodios sucedidos en el Cauca durante su mandato, cuando una cuadrilla de indígenas perversamente capitaneada por las Farc sitió a Popayán y a todo el suroccidente colombiano, mediante el bloqueo de la carretera panamericana a la altura de El Cairo, en inmediaciones de Cajibío y Piendamó, a escasos quince kilómetros de Popayán.
También debiera cuestionarse sobre los espantosos efectos del despeje del Caguán, cuando los grupos delincuenciales de la época, concretamente las Farc, se dieron el más triste refresco de que se tenga noticia en la historia de la República, cuando ese grupo guerrillero aumentó sus caudales, expandió sus territorios, solidificó sus rutas y atropelló a sus anchas en los espacios que el propio expresidente Pastrana le otorgó.
El Cauca entero se siente representado por el Senador Salazar en su reclamo al Ejecutivo y rechaza de plano la desatinada intervención de un exmandatario que sólo tristezas le recuerda.
lunes, 7 de febrero de 2011
Publicidad personal con dinero público?
En la entrada a Popayán, junto al puente "Tomás Castrillón", hay una pancarta gigantesca con tremenda fotografía y ambiguo texto de agradecimiento relacionado con la Industria Licorera del Cauca.
Cada vez que miro eso me pregunto quién le agradece qué a quién y por qué razón se gasta dinero en publicidad de semejante laya.
No sé decir de dónde salió el dinero para pagar el aviso, ni creo que el aviso se justifique.
De lo que sí estoy seguro es que las entidades competentes, la Controlaría del Cauca y la Procuraduría General de la Nación, deben iniciar las correspondientes investigaciones para determinar si el dinero para el pago de ese aviso salió del Tesoro Público o del bolsillo de algún particular.
Lo que no puede quedar en la ambigüedad o en la impunidad es de dónde salió la plata para pagar ese aviso en tan vendedora vitrina.
Imposible que las autoridades no lo hayan visto, imposible que la ciudadanía no se haya preguntado lo que yo me pregunto, imposible que en plena contienda electoral no se piense que el transfondo de ese mensaje es político. Imposible, claro está, que los organismos investigadores y de control vayan a permitir, si así se prueba, que la platica de la Industria Licorera del Cauca, que es pública, que es de todos los caucanos, se gaste de tan ladina manera en la promoción personal de alguien.
La verdad se debe conocer. La verdad, en materia de gasto público, es una exigencia permanente en cualquier sociedad honrada.
Si el dinero salió de un bolsillo privado, pues buenísimo. Los caucanos quedaremos contentos y satisfechos al saber que nuestros recursos, los de la Licorera departamental, permanecen incólumes y en buenas manos. Pero si el dinero para pagar esa promoción publicitaria, que es promoción publicitaria en pro de un particular -el que aparece en la fotografía- es dinero de la caja oficial, pues la cosa es a otro precio.
En este caso, que el dinero sea público, esperamos, al culminar las investigaciones, que se impongan las consecuentes sanciones para que todos, tanto los entes de control como los dueños de la plata pública quedemos plenamente satisfechos. Los encargados del control porque cumplieron su deber y nosotros porque no nos dejamos esquilmar.
No sobra decir que si el agradecimiento contenido en el aviso se debe al buen desempeño profesional de alguien, ni siquiera por ello se justifica el aviso, porque a todos los empleados públicos se les paga para que trabajen y para que trabajen bien.
Cada vez que miro eso me pregunto quién le agradece qué a quién y por qué razón se gasta dinero en publicidad de semejante laya.
No sé decir de dónde salió el dinero para pagar el aviso, ni creo que el aviso se justifique.
De lo que sí estoy seguro es que las entidades competentes, la Controlaría del Cauca y la Procuraduría General de la Nación, deben iniciar las correspondientes investigaciones para determinar si el dinero para el pago de ese aviso salió del Tesoro Público o del bolsillo de algún particular.
Lo que no puede quedar en la ambigüedad o en la impunidad es de dónde salió la plata para pagar ese aviso en tan vendedora vitrina.
Imposible que las autoridades no lo hayan visto, imposible que la ciudadanía no se haya preguntado lo que yo me pregunto, imposible que en plena contienda electoral no se piense que el transfondo de ese mensaje es político. Imposible, claro está, que los organismos investigadores y de control vayan a permitir, si así se prueba, que la platica de la Industria Licorera del Cauca, que es pública, que es de todos los caucanos, se gaste de tan ladina manera en la promoción personal de alguien.
La verdad se debe conocer. La verdad, en materia de gasto público, es una exigencia permanente en cualquier sociedad honrada.
Si el dinero salió de un bolsillo privado, pues buenísimo. Los caucanos quedaremos contentos y satisfechos al saber que nuestros recursos, los de la Licorera departamental, permanecen incólumes y en buenas manos. Pero si el dinero para pagar esa promoción publicitaria, que es promoción publicitaria en pro de un particular -el que aparece en la fotografía- es dinero de la caja oficial, pues la cosa es a otro precio.
En este caso, que el dinero sea público, esperamos, al culminar las investigaciones, que se impongan las consecuentes sanciones para que todos, tanto los entes de control como los dueños de la plata pública quedemos plenamente satisfechos. Los encargados del control porque cumplieron su deber y nosotros porque no nos dejamos esquilmar.
No sobra decir que si el agradecimiento contenido en el aviso se debe al buen desempeño profesional de alguien, ni siquiera por ello se justifica el aviso, porque a todos los empleados públicos se les paga para que trabajen y para que trabajen bien.
sábado, 5 de febrero de 2011
El holocausto de la infancia.
Si se le pide a un padre de familia que permita a su hijo salir a la esquina para compartir con los vecinos del barrio y con visitantes de otros barrios, muy seguramente no se interesará por identificar y conocer esos vecinos del barrio y esos visitantes, pero el niño saldrá.
Si le preguntamos a un chico que explique las razones por las cuales comparte con jóvenes vulgares que merodean por los caseríos y departe con personas desconocidas, muy seguramente argumentará que su papá se lo permite y ¡ya! como suelen decir los chicos y nos lanzará el humo en los ojos.
¿Saben los padres de familia con quiénes se reunen sus chicos en la esquina, en la cancha o en el parque del barrio?
La sociedad nuestra, la de hoy, suele ser disparatada en sus comportamientos, negligente frente a sus obligaciones y permisiva, muy permisiva, cuando se requiere que sea selectiva y restrictiva.
¿Restrictiva? Sí ¡restrictiva!
Ahora nos ha dado por ser laxos, indiferentes e irresponsables para no tener que afrontar la crítica menuda de los parientes "cultos", de los vecinos "exitosos" y de los consejeros "gratuitos" que, a no dudarlo, nos catalogarán anticuados, anacrónicos, desorientados y hasta retrógrados cuando intentemos mantener con nosotros, bajo nuestra mirada y nuestros cuidados a esos pequeños gigantes que son los chicos de ahora.
Pues mucho cuidado con esos pequeños gigantes. Les hemos permitido volar mas allá de la capacidad de sus alas, les hemos otorgado, teóricamente, una capacidad de vuelo que no tienen, los hemos lanzado a las tinieblas exteriores a que escruten, con sus ojos de niños, un mundo no apto para menores.
La capacidad humana para dañar es infinita. El derroche de maldad es incontenible. El afán de marcar zonas controladas por el crimen organizado y de ampliar permanentemente los territorios marcados, tanto en los campos como en las ciudades, es algo que desbordó la malicia de la gente buena y tiene arrinconada la propia fuerza del Estado llamada a combatir la delincuencia.
Familias distinguidas, reconocidamente sanas, de aquilatadas virtudes, de bondadosas costumbres, dignas del cariño y el respeto de sus conciudadanos, lloran amargamente los desmanes, las indelicadezas, las fechorías, los crímenes agotados por sus niños consentidos y hasta la propia muerte de esos menores que un día salieron a reunirse con unos desconocidos para no regresar jamás.
A esos padres que eludieron el compromiso de educar, de formar, de vigilar, de aconsejar y de restringir, los sustituyeron los eternos emisarios del hampa, que nunca dejarán de reclutar adolecentes para enseñarles a irrespetar, a delinquir, a robar, a traficar, a disparar y a matar.
Mientras sigamos desentendidos de los movimientos de nuestros hijos y mientras sigamos creyendo que el orden, el control y la disciplina traumatizan, estaremos sacrificando nuestros hijos en las hogueras del mal.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 05.02.11
Si le preguntamos a un chico que explique las razones por las cuales comparte con jóvenes vulgares que merodean por los caseríos y departe con personas desconocidas, muy seguramente argumentará que su papá se lo permite y ¡ya! como suelen decir los chicos y nos lanzará el humo en los ojos.
¿Saben los padres de familia con quiénes se reunen sus chicos en la esquina, en la cancha o en el parque del barrio?
La sociedad nuestra, la de hoy, suele ser disparatada en sus comportamientos, negligente frente a sus obligaciones y permisiva, muy permisiva, cuando se requiere que sea selectiva y restrictiva.
¿Restrictiva? Sí ¡restrictiva!
Ahora nos ha dado por ser laxos, indiferentes e irresponsables para no tener que afrontar la crítica menuda de los parientes "cultos", de los vecinos "exitosos" y de los consejeros "gratuitos" que, a no dudarlo, nos catalogarán anticuados, anacrónicos, desorientados y hasta retrógrados cuando intentemos mantener con nosotros, bajo nuestra mirada y nuestros cuidados a esos pequeños gigantes que son los chicos de ahora.
Pues mucho cuidado con esos pequeños gigantes. Les hemos permitido volar mas allá de la capacidad de sus alas, les hemos otorgado, teóricamente, una capacidad de vuelo que no tienen, los hemos lanzado a las tinieblas exteriores a que escruten, con sus ojos de niños, un mundo no apto para menores.
La capacidad humana para dañar es infinita. El derroche de maldad es incontenible. El afán de marcar zonas controladas por el crimen organizado y de ampliar permanentemente los territorios marcados, tanto en los campos como en las ciudades, es algo que desbordó la malicia de la gente buena y tiene arrinconada la propia fuerza del Estado llamada a combatir la delincuencia.
Familias distinguidas, reconocidamente sanas, de aquilatadas virtudes, de bondadosas costumbres, dignas del cariño y el respeto de sus conciudadanos, lloran amargamente los desmanes, las indelicadezas, las fechorías, los crímenes agotados por sus niños consentidos y hasta la propia muerte de esos menores que un día salieron a reunirse con unos desconocidos para no regresar jamás.
A esos padres que eludieron el compromiso de educar, de formar, de vigilar, de aconsejar y de restringir, los sustituyeron los eternos emisarios del hampa, que nunca dejarán de reclutar adolecentes para enseñarles a irrespetar, a delinquir, a robar, a traficar, a disparar y a matar.
Mientras sigamos desentendidos de los movimientos de nuestros hijos y mientras sigamos creyendo que el orden, el control y la disciplina traumatizan, estaremos sacrificando nuestros hijos en las hogueras del mal.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 05.02.11
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