domingo, 21 de febrero de 2016

Cartas a Pedro para que las entienda Juan




 Conejo es un animalejo orejón y como pendejo, pero también una conocida figura del lenguaje y de la conducta  popular, muy utilizada tanto en el dicho como en el hecho, para hacerle creer a alguien que todo marcha muy bien aunque todo marche muy mal.

 Conejo es fraude, mentira, engaño y falsedad.

 Es también un lugar de la estrafalaria Guajira colombiana, en donde se defrauda a los niños con nutritivas remesas que nunca llegan, porque,  a lo largo de los años,  los políticos guajiros, y también los otros, no han hecho cosa distinta que ponerle conejo al pueblo. En síntesis, queda Conejo en un encantador lugar donde el conejo, aparte de más viejo y no tan pendejo, jamás dejará de ser conejo.

 Paradójicamente, Conejo es el lugar escogido por los  narcoterroristas para ponerle conejo inicial a unos parciales convenios que, si no son víctimas de posteriores conejos, podrían conducir al definitivo convenio que cierre el conflicto surgido por culpa de unos puercos, unas gallinas, y unos conejos.

 Y es que si "Tirofijo" no hubiera sido víctima del conejo que dijo que le puso el gobierno de Guillermo León Valencia, probablemente el gobierno de Juan Manuel Santos no habría resultado víctima del conejo que los hijos de "Tirofijo" le pusieron en Conejo.

 Así vista la historia, queda claro que este gobierno no es el inventor del conejo que el nieto del presidente Valencia les pone cada rato a los campesinos agricultores y ganaderos colombianos, sino que esa es vieja práctica establecida desde cuando al viejo cazador caucano se le escaparon unos conejos, que tenía en la mira de la dos cañones, allá por los lados de El Pato, Marquetalia y Riochiquito.

 Aunque, bueno, lo que hoy interesa no es tanto quién puso a quién el primer conejo, sino que no nos pongan otro conejo, y que no vamos a desembocar en la ingenua fórmula caguanera, de darle humanitarios plazos a los conejos para que abandonen la conejera, porque después de conejo ido, para qué palos al nido.

 A los negociadores oficiales y al gobierno que representan, les debió quedar muy claro que no están tratando con monjitas de clausura, que los pactos y los acuerdos con delincuentes de reconocida trayectoria no son garantía de nada. Con mucha mayor razón cuando "Santrich", el más ciego de todos, tiene los ojos puestos en la conquista del poder, y no desperdicia micrófono para darle a Santos los recados que le manda "Timochenko".

 Ñapa. Son muy claros los mensajes guerrilleros, ninguno cifrado ni simbólico, por lo que no resulta necesario acudir a los auxilios de la semiología, esa magnífica disciplina intelectual de Umberto Eco, quien se fue de este mundo dejándonos como extraordinario legado, no solamente las claves de la comunicación en nuestro tiempo, "Numero cero", sino las fórmulas alquímicas para comprender lo que somos mediante el profundo conocimiento de lo que hemos sido, "El nombre de la rosa" y "La isla del día de antes". Paz en la tumba del filósofo y maestro.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 21.02.16

domingo, 14 de febrero de 2016

Elefante disfrazado de paloma




 Si el país nacional hubiera tenido tiempo de llevar al poder al profético Álvaro Gómez Hurtado, o si los sicarios del régimen y sus conocidos determinadores hubieran fallado el golpe; de cuántas impunidades consentidas, de cuántas tutelas torcidas, de cuántas privatizaciones y enajenaciones corruptas estuviéramos libres.

 Gómez Hurtado presentía y decía que el régimen estaba permeado y descompuesto en todas sus esferas, que los valores espirituales y los principios universales en que se deben inspirar las democracias habían quedado por fuera del estilo con que nos gobiernan,  y que Colombia marchaba hacia la ruina.

 Quienes no reconocieron en él al estadista que la patria requería, o quienes enceguecidos por discordias ideológicas metieron palos a la rueda para truncar su avance, al tiempo que sirvieron de idiotas útiles a los propósitos del empoderamiento mafioso, impidieron la solución ética que desde entonces requerían los sucios males que ahora nos asedian. Le negaron a la política nacional la medicina moral que sigue necesitando.

 En cualquier país que escape a la regla bananera es principio de honor que la riqueza nacional no se hipoteca, ni se subasta, ni se diluye entre la clientela.  Y que el concepto de justicia reclama trato digno y equitativo para todas las dolamas del cuerpo social. Igual atención oportuna reclaman las próstatas de los gobernantes, que los estómagos de los indios, los  cerebros de los negros, o los pellejos de los mestizos. Pero aquí la gónada palaciega está privilegiada sobre las necesidades de nutrición, educación y salubridad del pueblo, que sólo cuenta para sumar votos.

 Como hemos sido incapaces de derrocar el régimen, pues seguimos soportando el desigual destino que las encopetadas dinastías nos tienen señalado, y cual blandas marionetas continuamos aguantando el tirón del sedal que nos ajusta el cuello.

 A ningún colombiano honesto se le llegó a ocurrir que la invalidación judicial y ocultamiento de las pruebas criminales contenidas en el computador de alias "Raúl Reyes", y la exigencia de cambiar la terna para elegir Fiscal General de la Nación, que después condujo al licencioso imperio de  Montealegre, y los descoyuntamientos de la Carta Magna por quienes debieron defenderla y mantenerla, eran groseros pasos de la bestia famélica que ahora nos devora, eran el fatídico preludio del desmoronamiento institucional que las Cortes exhiben, y de la lepra que corroe la anatomía estatal.

 La feria de Isagen, el bazar de Reficar, los vuelos atestados de reptiles austeros, la ilegítima reducción del umbral electoral para hacer de "Timochenko" un nuevo libertador, el refinamiento de la mermelada en almendras, las costosas cortinas de seda y las oscuras cortinas de humo, integran el caudal de impúdicos acosos a que nos somete la morbosa casta gobernante, esa misma que no tuvimos la valentía de derrocar en viejos tiempos de paquidérmicos carteles.

 Y lo que hoy pretenden, el mismo régimen y los mismos carteles, es dar un golpe de Estado travestido de plebiscito. Con engaños intentan que el propio pueblo le dé cuerda al emblemático "Dumbo" con sus inmensas orejas voladoras, aunque disfrazado ahora de paloma.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 14.02.16

domingo, 7 de febrero de 2016

¿Habrá futuro?




 Actual polémica bogotana sobre ampliación de la frontera urbana en terrenos incluidos dentro de la reserva forestal Thomas van der Hammen, que aparenta moverse más por  motivaciones políticas que ambientales, pues se dice que no afectaría humedales, sirve para reforzar la idea de actualizar, en el Cauca, y a la larga en todo el país, detallado levantamiento topográfico, con propósitos de conservación, que demarque con honrada exactitud todos los cuerpos de agua, llámense páramos, lagunas, humedales, ríos o quebradas, y los espacios aledaños cubiertos por bosques naturales, algunos verdaderamente primarios, que sustentan la existencia de la riqueza hídrica nacional.

 Expertos en tales temas, antes que involucrarse en la defensa de intereses individuales, pueden aportar en estos tiempos de pavorosa sequía, y en todos los tiempos cuando los peligros de arrasamiento total desaparezcan.

 Todavía tenemos espacio, mediante la educación y el ejercicio de controles incorruptibles, para concientizar a quienes ignoran la vital importancia del medio ambiente sano, y a quienes a rajatabla intentan destruir disminuidos recursos naturales sobrevivientes.

 Si el Estado, representado por corporaciones regionales clientelistas, continúa desinteresado en conocer a profundidad la cabal extensión de los ecosistemas que necesitan protección urgente, corremos el riesgo de perder invaluables especies de fauna y flora no recuperables.

 La dramática advertencia de Yuval Noah Harari, novísimo profeta de los abismos que nuestra especie ha construido en atropellada carrera hacia su deificación, no debe pasar desapercibida, ni puede ser ignorada por quienes dominan el mercado de las máquinas inteligentes y de temibles instrumentos de guerra, mucho menos por quienes tuvimos la fortuna de conocer especies ya extinguidas, y tenemos la obligación de preservar lo que queda, para el disfrute y satisfacción de quienes puedan sucedernos.

 En su libro "De animales a Dioses", el joven historiador nos muestra la siniestra huella que el homo sapiens ha dejado impresa en los más remotos rincones del planeta, y sin ambages nos advierte sobre el peligro que somos:  "La primera oleada de extinción, que acompañó a la expansión de los cazadores-recolectores, fue seguida por la segunda oleada de extinción, que acompañó la expansión de los agricultores, y nos proporciona una importante perspectiva sobre la tercera oleada de extinción, que la actividad industrial está causando en la actualidad. No crea el lector a los ecologistas sentimentales que afirman que nuestros antepasados vivían en armonía con la naturaleza. Mucho antes de la revolución industrial, Homo sapiens ostentaba el récord entre todos los organismos por provocar la extinción del mayor número de especies de plantas y animales. Poseemos la dudosa distinción de ser la especie más mortífera en los anales de la biología."  (-Breve historia de la humanidad-, Penguin Random House Grupo Editorial, Debate, 2015).

 Al evocar mi infancia añoro esos maestros que enseñaban a plantar árboles, y vivo la alegría de comprobar que algunas de mis siembras permanecen incólumes. "Plantemos nuevos árboles, la tierra nos convida, plantando cantaremos los himnos de la vida ...", así  comenzaba un poema publicado en "El nuevo lector colombiano", bello libro que mi madre nos leía en las tardes de invierno.



Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 07.02.16

sábado, 30 de enero de 2016

Complacencia




 Ahora cuando se logra comprar menos con más, entendemos que con resignación todo se alcanza. Sabemos que algo grandioso sucederá cuando se agoten los ahorros, y que la verdadera felicidad está en las satisfacciones del espíritu, mas no en la glotona plenitud de los estómagos.

 Inmersos en hermosas reflexiones sobre las verdades esenciales de la vida, decidimos no utilizar el carro ni para diligencias hogareñas, nos divertimos hasta el cansancio mientras caminamos bajo el sol resplandeciente, y abandonamos la malsana costumbre de ir a comer helados en el centro comercial. Hasta el año pasado nos bañábamos con agua tibia, pero desde los arranques del presente estamos valerosamente comprometidos con el chorro helado. Nos sentimos felices de contribuir al enfriamiento global.

 En las noches no encendemos los bombillos del patio ni del corredor callejero, porque  alegremente consideramos suficientes los reflejos que llegan de los patios vecinos, y los románticos resplandores de la farola de la esquina.

 Desde el año pasado suspendimos los enfermizos almuerzos mensuales en restaurantes a la carta, y a la gorra leemos noticias cuando agarramos güifí en el supermercado del barrio.  Nos estamos dando el placer de releer la edificante literatura que adquirimos en la época escolar, y eso nos ayuda a pasar derecho frente a la librería Nacional, cuando vamos a Cali, a dónde ya ni vamos, porque comprobamos que lo ahorrado en peajes nos alcanza para disfrutar las ventajas de ir a misa en la buseta urbana.

 Antes comprábamos arroz para las torcazas, pero cuando notamos lo hermosas que se ven cuando comen donde el vecino, las dejamos que se ausentaran mansamente.  Allá también adornan y alegran el paisaje. Sin egoísmos compartimos la naturaleza con nuestros semejantes.

 Con mi mujer celebramos las bondades de no encerar los pisos del rancho para evitar resbalones que a nuestra edad pueden resultar traumáticos, y por caminos semejantes descubrimos que el jabón de la cocina también se puede suprimir adoptando apetitosa dieta vegetariana, ahora no engrasamos los platos ni las arterias. Aprendimos a desayunar con guayabas cosechadas en los arbolitos del parque, almorzamos con agua de piña en el armatoste callejero de Campanario y para mejorar el sueño suspendimos el dañino café con queso que engullíamos al atardecer.

 La serenidad nos enseñó que eso de andar comprando ropa todos los años no es aconsejable para las disciplinas del alma, y en ese nuestro proyecto de austeridad satisfechos celebramos el segundo aniversario sin estrenar ni un pañuelo.

 Tan admirables costumbres nos ha hecho menos petulantes y  mucho más sensibles frente a injustificadas críticas que la oposición suele hacerle a este gobierno de la prosperidad. Hemos alcanzado notables progresos en concentración mental y meditación trascendental, mermamos kilos y recuperamos excelente velocidad de marcha. Descubrimos que no sólo del cuento pueden vivir los vivos sino, sino de toda actitud que conduzca hacia la paz de los muertos.

 Reconfortados por la dicha de ser auténticos, humildes esperamos el tránsito a los espacios siderales y damos testimonio de gratitud a quienes, sin acosos, lograron iluminarnos con la pedagogía del sometimiento.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 30.01.16

sábado, 23 de enero de 2016

Colombia amarga




Los sucesos permiten afirmar  que reina la incoherencia del gobernante entre lo que piensa, lo que dice, y lo que hace, no sólo en torno a las charlas de La Habana, que ya eso está trillado, sino frente a la pulcritud administrativa, la política fiscal y la justicia social.

Este desgobierno dilapidador, algo más que derrochón, ignora los requerimientos básicos del pueblo, y entrado en gastos, no para de enmelar con los recursos públicos a todo adulador que se le acerque. El partido conservador, mi triste partido, que en algo se diferenciaba del liberalismo, ya hace las mismas antesalas y las mismas venias gaviristas  para morder pastel.

El escandaloso mercadeo de la paz ha servido para enriquecer a unos pocos, y para quitarle el pan a los más necesitados; para hacer politiquería electorera y burlar las necesidades mínimas de la clase obrera; para negar, en síntesis, el derecho de igualdad frente a la ley, que es norma constitucional, y no merced que otorga el soberano.

De hecho, tanto el señor Presidente de la República, como el Vicepresidente, son personas que por su investidura merecen excelente atención médica cuando la requieran, nadie en sano en juicio osaría decir lo contrario. Pero, así como ellos reciben la oportuna y diligente atención que merecen, también los desvalidos debieran contar con esa garantía social, para que nunca más  se vuelva a repetir que los pobres mueran por negligencia medica,  como todos los días ocurrre.

Es hora de mostrar que las muchas Rubielas Sinprestigio, que mueren en la calle, pueden disfrutar  de la misma celeridad clínica  con que serian atendidas las escasas Natalias Concontrato,  o que un Chivará cualquiera vale igual que un distinguidoTocarruncho.

Es tiempo de abandonar el obsecuente pendejismo cardenista, que quiere venderle al pueblo la obtusa fórmula de remediar los desastres financieros del Estado restándole comodidad a las sillas de modorros viajeros oficiales. Este es un país adicto a la trampa y a la discriminación, y ya veremos que, las necesidades del servicio, darán abundantes oportunidades y sobradas razones para seguir justificando el pago doble por tiquetes aéreos que valen la mitad. Negocio es negocio y los grandes empresarios del transporte también financian campañas electorales.

De nada sirve obligar a las secretarias a declarar renta, cuando los destinatarios de la coima, que siempre son los mismos, tienen  amarrada la dolosa subasta del Tesoro Público, y cuando escandalosos negociados de alto voltaje continúan engordando bolsillos particulares en detrimento  del bienestar comunitario. De poco sirve disfrazar las reglas del contrato cuando ordenadores y contratistas no morigeran su entusiasmo depredador.

Además, cinismo e inconciencia son comunes  denominadores de las elites gobernantes. Aquí a nadie le interesa lo que sufren y padecen los de abajo, ni a ministro alguno se le llegará a ocurrir que los negocios del Estado deben separarse de su entorno familiar, de su esfera romántica, o de su club de fans. Por el contrario, los nichos de poder se obtienen  para eso, para cuadrar al combo, a la bandola, y a la logia, pero jamás para servir.

Miguel Antonio Velasco Cuevas

Popayán, 23.01.16