Al señor director académico,
al cuerpo de docentes y
a la comunidad estudiantil del Colegio Francisco Antonio Rada
Morales (Cauca)
En las redes sociales he visto algunas fotografías alusivas a reciente conmemoración académica.
Con orgullo y satisfacción de moralense, comparto con ustedes la alegría de celebrar el cuadragésimo aniversario del Colegio Francisco Antonio Rada.
A propósito de tal efemérides, muy respetuosamente les informo que, el próximo miércoles 12 de octubre de 2011, se cumple un siglo del nacimiento de don Miguel Antonio Velasco Mera, promotor y entusiásta gestor de la creación de esa Institución Educativa.
Evidentemente, desde su escaño en el concejo municipal de Morales, desde la alcaldía que ejerció en dos oportunidades, y desde la Vicepresidencia de la Asamblea Departamental del Cauca, impulsó y obtuvo la aprobación de las ordenanzas que crearon y dieron el nombre al Colegio.
Me parece importante que en esa fecha centenaria, como gesto de legítima recordación y reconocimiento a tan loable iniciativa, se haga alguna mención, o al menos se guarde un minuto de silencio, para honrar la memoria de quien abrió puertas a la educación y la cultural de niños y jóvenes moralenses.
Con afecto,
Miguel Antonio Velasco Cuevas
sábado, 8 de octubre de 2011
jueves, 6 de octubre de 2011
¿Blanco, negro, indio o mestizo?
¿Blanco, negro, indio o mestizo?
Al negro o al rojo, al treintaiseis o
al doblecero, hagan sus apuestas, gira
la ruleta, no va más.
Así estamos en el Cauca, como en un
garito, cuando debiéramos estar como en el Paraninfo, atentos a las
proclamaciones de excelencia, y prestos para las aclamaciones por la buena nota, el óptimo rendimiento o la ejemplar conducta.
Pero no, el Cauca lo ha ido perdiendo
todo. Desde el primero de marzo de 1540, cuando nuestro señor el Emperador
Carlos V creó la Gobernación de Popayán, cuya jurisdicción iba desde Pasto
hasta la Serranía de Abibe, mas tarde desde el río Mira hasta Panamá y desde Otavalo hasta los límites con Brasil
y Venezuela, desde cuando éramos la mitad de
Colombia hasta el rincón que ahora
somos o nos queda, es mucho lo que tenemos por lamentar.
Lo que sí hemos conservado intacto es
el sometimiento y el acatamiento a nuestros señores, esos personajes
invisibles, que no son el Emperador, pero que actúan y nos quieren empujar como si lo fueran.
Seguramente en ninguna otra parte del
territorio nacional se cumplen órdenes más absurdas, se atienden más indignas
indicaciones, o se consienten más delincuenciales conductas que en el
Departamento del Cauca.
En los tiempos recientes, nada más
humillante que el bloqueo de la carretera Panamericana, en el sector del Cairo,
cuando los señores parlamentarios caucanos, todos sin excepción, asumieron el
cómplice comportamiento del que nada tiene
que ver, y ninguno levantó la voz para denunciar
que estábamos sitiados por una mesnada al servicio de la delincuencia
narcotraficante que comandaba alias Don Manuel, mejor y más conocido como
Tirofijo, ahora astutamente infiltrada en altas esferas del establecimiento y
cobardemente dirigida por alias Alfonso Cano.
Eso sin detenernos, claro está, a
llorar sobre la leche derramada, porque para qué dolernos del mandato que
confiamos a Floro Tunubalá, dizque para darle una bofetada a la clase
dirigente, y terminamos como los payasos circenses, dándonos la bofetada
nosotros mismos; o para qué referirnos a la platica de la salud, que vía
Probolsa, voló, voló y voló.
Parados en el punto de las
definiciones, y bien parados, como a hidalgos caballeros corresponde, mal
haríamos si volvemos a las andanzas de siempre, dejando que desde Bogotá nos indiquen por quién hay que
marcar el tarjetón.
Los indígenas no tienen candidato con
el programa, la capacidad, ni las buenas recomendaciones que un candidato a la
Gobernación del Cauca necesita, así algunos conservadores, ávidos de lentejas,
hayan resuelto que Temis cumple con esas exigencias.
Tampoco lo tienen los hermanos afro,
porque de su risueño candidato Pacho ninguna garantía podemos esperar, si es
que nos detenemos a pensar en las terribles declaraciones de su jefe, el interno
Martínez Sinisterra Juan Carlos, quién sin ambages asegura que la política es
mejor negocio que el narcotráfico.
De hecho a nosotros no nos interesan negociantes
en la administración pública, lo que sí
nos interesa es la excelencia en el manejo de la Cosa Pública, virtud socioeconómica que para nada cuenta en los
múltiples movimientos pseudopolíticos que dicho interno comanda.
Los blancos, con ese candidato de
bonachona sonrisa nórdica, con ese empresario futbolero fracasado, que con
clara mirada futurista dicen que se pagaba los sueldos por adelantado, con ese candidato digo, nos causarían enormes desconsuelos financieros,
porque, seguramente, ningún caucano está dispuesto a que también las regalías corran el riesgo de pago adelantado,
como indelicadamente hasta ahora sucede con las vigencias futuras.
En síntesis, para proyectar bien el
Cauca, para curarnos en salud y evitarnos dolores de conciencia, la mejor
opción es la que contiene lo nuevo y promisorio, la que tiene nítido timbre de seriedad y altos vuelos de capacidad, la del candidato de los
mestizos, el que con su apellido europeo es más nuestro que cualquiera de los
otros, al que sí podemos otorgar las mejores
calificaciones y darle el aplauso sincero de aspirante meritorio, porque fue el
primero, tal vez el único, en presentar un programa coherente, aterrizado y
ejecutable, para sacar al Cauca del deterioro institucional y de la pobreza
material que lo corroen.
Si de cierto queremos darle aire de
renovación a la comarca, y si es verdad que estamos interesados en airear el
pestilente ambiente de las oficinas públicas, lo mejor, lo indicado, lo
razonable y lo aconsejable es que marquemos el tarjetón con la tinta verde de
la esperanza.
El Cauca necesita un gobernador sin
lastres, un gobernador que haya vivido en el Cauca, y fundamentalmente un
gobernador que haya sido capaz de empujar su candidatura, contra viento y
marea, marcando un rumbo diferente al que la brújula del pasado quiere
seguirnos marcando.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, octubre 6 de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La generación fracasada
Quienes pertenecemos a ella, a la generación perdida, estamos llamados a responder por el inmenso daño que Colombia ha sufrido.
Incapaces fuimos de contener la violencia heredada, carentes de reciedumbre moral dejamos agigantar la corrupción que es el más grave de nuestros fracasos, perdidos en malsanos humos de prepotencia intelectual desperdiciamos las energías juveniles gritando consignas ajenas, y vinimos a naufragar en el peor de los mares, el de la impunidad.
Terrible juicio nos espera, nada que hacer, surtido el trámite vital, finalizado el tiempo de la acción, es poco, casi nada lo que podríamos rescatar.
Llegamos a la vida tras la confusión de un magnicidio, y de una dictadura, que sólo sirvieron para marcar partida a nuevas hecatombes no superadas.
Instalados placidamente en la partija milimétrica, generosamente ideada para compartir burocracia, pero no para estructurar país, ni para alinderar convicciones ideológicas, resultamos inmersos en el caos apestoso de una patria avispada y rapaz, codiciosa, cínica y delincuencial.
Gobernantes blandengues, amanerados y perversos, permitieron la quema de las Cortes, consintieron el cogobierno de los bandidos con quienes se asociaron para ganar batallas menores, y les facilitaron la fuga desde sus catedrales para que acudieran a reformar las instituciones superiores.
En todos esos años, víctimas de su propia negligencia y de lamentables inconsistencias espirituales, ávidas de alcohol, de tamal y de contrato, cada que les mostraron la bayeta asistieron las masas a engullir malformaciones conceptuales.
Perdieron el tiempo nuestros mayores, quienes lucharon y murieron en defensa de ideales, perdieron el tiempo nuestros maestros, que sí lo eran, y en quienes no desciframos el mensaje de altura y dignidad que nos transmitieron con franqueza, y perdimos nosotros, que lo perdimos todo, hasta el honor de vivir para luchar por nuestra propia causa.
Ganan los otros, los que desde antes y hasta ahora son amos y señores de unos territorios carentes de Estado y plenos de ilicitud. Los que nada tienen por perder porque desconocen el ideal, los que secuestran y extorsionan, matan y roban , talan bosques y siembran vicio, minan senderos y dinamitan puentes; ganan los que nunca debieron ganar, pero que con dádivas pusieron de su lado a los encargados de defender lo común y lo social. Ganan los que accedieron al ejercicio político por el terror que infundieron con sus armas y por la dolorosa connivencia de quienes pactaron con el crimen para agenciar, desde las entrañas del establecimiento, múltiples episodios de barbarie.
Bendita sea la hora en que nuevas inteligencias, mejores brazos y nítidas voces de rescate se hagan cargo de conducirnos a puerto seguro. Las altivas generaciones que ahora aspiran a cargos de comando tienen la formidable tarea de corregir el rumbo, y dedicarse con pasión a buscar horizontes de grandeza para esta Colombia enferma que les dejamos por legado.
Si de alguna manera queremos concurrir a reparar el daño, debemos derrotar a los mismos dañinos de siempre que ya se alistan para repetir sus conocidas tropelías.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 26.09.11
miércoles, 21 de septiembre de 2011
El compañero Angelino
El roce entre el Presidente Santos y el Vicepresidente Garzón abre espacio a debate que no quedará bajo el tapete de limadas asperezas.
Cuando Santos candidato nos sorprendió, escogiendo al compañero Angelino para ocupar la Casa de Nariño, no tuvimos sentido del gusto para saborear bocados y tragamos entero.
Entendimos que el candidato hacía una movida electoral inteligente, y dimos por descartadas futuras protestas sindicales que suelen enfocarse contra los gobernantes y sus decisiones.
Si revoltosos voceros de la clase obrera, por puros malabares, llegan de sopetón a dirigir el Estado y ejercer el mando, no es posible imaginarlos hostilizando el Poder Ejecutivo que conforman.
Pero no comprendimos, con el Presidente Santos a la cabeza, que escoger al veterano dirigente obrero, no era sólo completar el mosaico fotográfico del tarjetón, sino ceder buena mordida de la función presidencial.
Tremenda equivocación nuestra y tormentoso error del Presidente Santos.
Claro que nos equivocamos todos, porque el exitoso liderazgo de Angelino, sus logros pasados, su posicionamiento nacional e internacional conseguido a punta de paciencia y disciplina, impedían catalogarlo como guerrero en reposo. Los guerreros legendarios no descansan y Angelino pertenece a esa fauna.
La discusión futura no puede despistarse sobre la cifra que señala los parámetros de la pobreza nacional, ella sólo fue caballito de batalla para notificarle al Presidente y a la sociedad que el señor Vicepresidente, el actual, no tiene la decorativa vocación de los testigos mudos ni de los bobos amañados. El “Garçon” terrible que hoy nos cogobierna sabe qué y para qué es el poder.
Lo cierto es que, para futura memoria, quienes aspiren a ser Presidente, ya saben que el compañero de formula debe ser del mismo cachete, con las mismas angustias e idénticos propósitos, debe pertenecer a la misma cantera ideológica e identificarse con los mismos gustos alimenticios, porque demostrado queda que no es indicada la misma chequera para triturar chicharrones que para degustar caviar.
Nos queda la sensación de que Angelino pegó dos veces, pegó primero y pegó con tiempo. Faltan tres años para dar por cancelado el impasse, y en ese espacio temporal es mucha la lora que puede dar nuestro simpático dirigente gremial. Ya, en las primeras de cambio, tuvo la agudeza y las luces suficientes para repostar conforme al credo y a los postulados de su clase, la de los trabajadores asalariados que somos la inmensa mayoría de los colombianos. Iluminado estuvo cuando con aire bonachón, sin rastros de amargura y suficiente personalidad, prestamente propuso su retiro a casa con el cargo de Vicepresidente entre las manos.
Paradójicamente, el hombre de luchas obreras, el batallador, el guerrero incansable, en su apasionada defensa de los derechos elementales también nos deja el bello mensaje de la resistencia pacífica, y hace honor a la poética metáfora de esos sindicalistas que, al no encontrar puntos de acuerdo con su patrono, antes que incendiar la fábrica, “...simplemente toman sus brazos y se marchan a casa...”
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 21.09.11
jueves, 8 de septiembre de 2011
El vacío de los partidos
La dura realidad del Partido Conservador Colombiano exige la convocatoria de sus militantes históricos, de sus juventudes y de las bases campesinas, para tratar de reanimarlo y evitar su deceso.
Nadie ignora que el fervor partidista, entendido como entusiasta disponibilidad para defender principios, valores, orden, equidad y justicia, pasaron al olvido, mientras vergonzosas trapisondas lo hacen ver como un partido triste, sin vocación de poder ni autoridad moral.
El reciente incidente con un proyecto que pretende resucitar la inmunidad parlamentaria es penosa muestra de la debilidad ideológica, del desajuste interno en una colectividad que en el pasado hizo del honor su norma y de la rectitud su bandera.
El conglomerado azul ya no resiste la ausencia de liderazgo limpio, auspiciada desde sus propios cuarteles directivos, donde todo se ha vuelto conveniencia personal, acomodamiento burocrático y lamentable partija de piltrafas.
En quince largos años no ha tenido un líder nacional, una cabeza respetable que lo dinamice y lo promueva como opción de mejoramiento social, mucho menos como alternativa de fortalecimiento nacional para combatir el crimen y el vandalismo.
El brutal asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, instrumentado desde las entrañas del régimen, dejó estupefacto al país y huérfano al conservatismo que en él tenían su bastión ético. De allí en adelante el Partido Conservador ha sido un cascarón vació y a la deriva.
En las cuatro últimas elecciones presidenciales faltó fuerza ideológica, mística de partido y coherencia histórica, y así sigue el conservatismo, enmarañado y envilecido por arte y maña de quienes se consideran sus voceros.
Las muestras mas frescas de inconsistencia y desatino corren por cuenta de las candidaturas a la Alcaldía de Bogotá y a la Gobernación del Cauca, en las que pusieron unos individuos que no le mueven la aguja a nadie, que pueden tener algunos amigos en los directorios, pero que no significan nada en la doctrina, en las luchas, ni en las aspiraciones democráticas de los electores.
Dragacol, Chambacú, Invías, AIS, DNE, y otros entuertos de burócratas conservadores que abarcan la Fiscalía, el Consejo de la Judicatura, las notorias Notarías y muchas otras llagas mal curadas, que siguen lacerando la conciencia nacional, no pueden olvidarse y requieren tratamientos profundos para que renazca la fe.
De seguir así, sin timonel ni rumbo, se le estará abriendo permanente brecha a la indisciplina social, al desbarajuste institucional, al saqueo presupuestal que quebranta a todos los colombianos, e irremediablemente se cavará la fosa del olvido para un ideario que merece mejor curaduría.
Es razonable que las fuerzas populares del conservatismo se duelan y se quejen, frente a la liviandad de actuales dirigentes que deslustran la gesta patriótica protagonizada por brillantes antecesores, quienes para nada acudieron a los meandros de la corrupción y marcaron pautas de concordancia entre el discurso y la acción.
Correlativamente, a los respetados contradictores del liberalismo colombiano, a quienes les duele lo mismo porque les tallan las mismas mataduras, también les corresponde hacer algún esfuerzo para acallar la cháchara y reavivar la idea.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 08.09.11
jueves, 25 de agosto de 2011
Para derrotar la corrupción
Los figurones de la política, a fuerza de cinismo, han logrado tergiversar el significado histórico de esa actividad que por siglos fue entendida como el arte de manejar bien lo público, el presupuesto, los servicios, la educación, las obras, los contratos, la salud, la beneficencia, y todos aquellos conceptos esencialmente sociales y comunitarios en que debe apuntalarse la diaria convivencia dentro de grupos civilizados.
Lástima causa saber que muchos aspirantes a investiduras de representación popular, desviados por los brillos de esa abstracción denominada poder, y en errados actos de suficiencia que desbordan los derroteros del marco constitucional, antes que diseñar estrategias legales y métodos administrativos nutridos por la excelencia de la gestión en pro del bien común, se obstinan en armar pérfidas camarillas antisociales encaminadas al expolio de los humildes y necesitados.
Hoy, con censurable desparpajo, hay campañas que rebuscan el voto ciudadano sin articular compromisos altruistas que impliquen mejoras colectivas para superar notorias deficiencias en la inversión social, simplemente negocian con ávidos promotores electorales no sólo la malsana entrega de concretas parcelas administrativas, en las que se diluyen jugosas partidas del tesoro, sino también incondicionales respaldos a futuras campañas de sucesión para reciclarse en el mando.
Claro que la responsabilidad de tan indebidos comportamientos no es exclusiva de quienes se enquistan en la truculencia electorera para lucrarse y perpetuarse en la partija. También los ciudadanos corrientes, por indiferencia, apatía o silencio, cargaremos con el gravoso estigma de la corrupción, si es que no resolvemos limpiar de tajo y para siempre los manchados procesos de elección que ahora se estilan.
Algunos estudiosos de esa temática, en quienes debe presumirse buena fe, aconsejan la abstención como remedio, por considerarla castigo y desquite o mecanismo de protesta contra las prácticas impuras del ejercicio democrático.
Pero acontece que la abstención lejos de remediar el mal termina acrecentándolo, porque los artífices de las componendas arrastran votos amarrados que pesan y se contabilizan, mientras que el abstencionismo sencillamente está por fuera de la sumatoria electoral que define cargos y curules.
Ahora que el menú está servido, cuando pocos son los candidatos calificados para merecer nuestra confianza y apoyo, emerge fortalecida y se reafirma la posibilidad constitucional de acudir al voto en blanco para propiciar la repetición de la votación y, por ese camino, depurar instituciones y corporaciones públicas invadidas por indeseables.
Técnica y constitucionalmente el voto en blanco sí es cuantificable, por lo que se diferencia de esa condición amorfa e indescifrable que tradicionalmente ha caracterizado a la abstención.
La naturaleza constitucional del voto en blanco, cuyos efectos señala el artículo 258 de la Carta Política de Colombia, nos ofrece solución que cuenta y suma en las matemáticas electorales, porque reconoce la fuerza decisoria de mayorías triunfantes que derrotan las aspiraciones de ciertos malos candidatos inscritos para unas elecciones específicas.
Es posible repetir la votación, en nuevas elecciones con candidatos distintos, si votamos mayoritariamente en blanco para derrotar listas y candidatos actuales que no nos convencen ni convienen.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 24.08.11
martes, 16 de agosto de 2011
Las montoneras
Montoneras de candidatos son las que quedan tras el cierre de inscripciones para aspirar a posiciones de representación popular.
Muy buenas unas candidaturas, malitas otras y lamentables muchas.
No es claro ni cierto que el gran caudal de aspiraciones determine los niveles del ejercicio democrático en Colombia.
Frente al deterioro del orden público en toda la geografía nacional, no es absolutamente real que sean los más capacitados quienes asumen la vocería de los partidos y de las comunidades con el propósito de mejorar servicios públicos, acceso a la educación, cobertura en salud, vías de comunicación, garantizar pulcritud en la ejecución de presupuestos, y purificar otros componentes de la vida social estrechamente vinculados a la administración pública.
Condicionamientos, amenazas y muertes signan este proceso que culminará en octubre con la elección de gobernadores, alcaldes, diputados y concejales.
En territorios donde los candidatos comprometieron partidas, cargos y contratos, con los emisarios de la delincuencia organizada, para que se les permitiera inscribirse ante las autoridades electorales; o donde algunos candidatos corajudos mantienen sus aspiraciones, aún ante amenazas contra ellos mismos y los miembros de su familia o de sus organizaciones de campaña; o en localidades donde armados ilegales secuestran y fusilan candidatos que no son de sus afectos, no puede hablarse de libertad, orden, ni democracia.
Los colombianos debemos recordar que grupos criminales con el respaldo armado de guerrillas, que se reparten importantes zonas estratégicas para mantener sus negocios ilícitos y corredores de tránsito hacia el Océano Pacífico, están presionando poblaciones enteras para impedirles el derecho al sufragio, o imponerles la obligación de votar por personajes que militan en esas asociaciones mafiosas.
Nuestra tarea, en lo que queda de campaña electoral, no puede ser la reminiscencia de odios heredados a fuerza de estériles enfrentamientos partidistas.
Lo ideal es diseñar el futuro sobre la base de unas tradiciones culturales colombianas que hablan bien de nuestros ancestros, con altas miras de beneficio comunitario y desarrollo social acrisolados en los campos de la convivencia y la bondad.
Tenemos la imperiosa necesidad de no rivalizar sobre dolorosas contiendas fratricidas superadas, y recordar que en los tiempos presentes los enemigos de todos los colombianos son los grupos criminales organizados, que desvirtúan los valores de nuestra nacionalidad, atropellan los derechos fundamentales constitucionales, pervierten la juventud, entran a saco en las arcas públicas y perturban la tranquilidad ciudadana con el primario empeño de amedrentar para imponer el imperio de sus fusiles.
Hagamos frente a las serias amenazas que hoy se ciernen sobre nuestras familias, tradiciones y modestas pertenencias, y entendamos que la lucha debe darse contra el terrorismo, la violencia, la extorsión, la amenaza y contra los delincuentes que generan esos desajustes colectivos.
Estamos en momento crucial que nos exige decantar la peligrosa mezcla de montoneras hambrientas de poderío, financiadas y apuntaladas por el crimen transnacional, para hacer que flote la valía de quienes verdaderamente merecen gobernarnos y representarnos con la dignidad característica de las gentes de bien.
Miguel Antonio Velasco Cuevas
Popayán, 12.08.11
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